 
Título:
El planeta de los Simios
Título original: Planet of the Apes
Dirección: Tim Burton
Guión: Broyles Jr, Konner y
rosenthal
Producción: Richard Zanuck
Fotografía: Philipe Rousselot
Producción: Rick Heinrichs
Editor: Chris Lebenzon
Música: Danny Elfman
Supervisor de efectos especiales:
Bill George
Maquillaje: Rick Baker
Efectos Digitales: Estudios Rhythm
and Hues, Asylum
Efectos Visuales Adicionales:
Digital
Filmworks, Cis Hollywood, Estudio Pacific
Title and Art
Animales: Birds and Animals
Unlimited.
Producción: Twentieth Century Fox,
Distribución: Twentieth Century Fox.
¡NOS
PUEDE PASAR!
A
partir de la clásica novela El planeta de
los Simios, escrita por Pierre Boulle, el
creativo realizador Tim Burton vuelve con
una versión muy de acuerdo a los cánones
de esta época computarizada, en la que
incluye diálogos divertidos y una tremenda
acción que hará que el espectador tenga
que sostenerse a su butaca.
En
este caso, respetando la película original
pero dándole una vuelta de tuerca, Burton
se ingenia para que una nave espacial,
cercana a Saturno, descubra una masa
luminosa en el horizonte cósmico y su capitán
intente saber de qué se trata. En principio,
aparece como amenazante. En esa nave
espacial, se adiestran chimpancés de manera
tal de que sirvan como tripulantes de módulos
en lugar de ir astronautas y verifiquen todo
lo que así se considere oportuno. El capitán
Davidson ordena que el chimpancé adiestrado
por Leo investigue qué pasa en esa nube tan
extraña. Leo lo envía muy a su pesar perdiéndose
este antecesor nuestro el módulo en el
cosmos. Entonces Leo desobece a su capitán,
toma otro módulo y sale al espacio
dispuesto a encontrar a su chimpancé: “No
voy a aceptar que envíen a los animales
cuando estas tareas nos corresponden a
nosotros, los hombres”, primera premisa de
lo que luego se verá en el film.
De
esta manera, Leo atraviesa la extraña masa
luminosa y observa cómo retrocede el tiempo
unas décadas, nada más. Y cae en medio de
un lugar selvático y húmedo. De pronto se
ve preso de una corriente humana que huye
despavorida de enormes simios vestidos a la
usanza romana. Rara mezcla de “museta” y
de “mimí”, como dice el tango. Y es
conducido hasta las horribles celdas de esta
ciudad donde los que mandan son los simios y
los humanos son los animales que arrastran
carros, que soportan castigos y los
sirvientes de estos inusuales amos.
Leo
quiere lograr la salvación, y buscará una
especie de radio-celular-televisor que lo
comunica con su nave. Esta ha desaparecido,
sin embargo no pierde la esperanza. En estas
andanzas por las selvas, seguido por algunos
de los humanos, debe enfrentar no pocas
circunstancias límites, hasta que se
desencadena una batalla feroz entre los
simios, los humanos y algunos simios que,
por cobardes, están a favor de los humanos.
Sin duda, los diálogos son muy jugosos y
ponen en tela de juicio, desde el humor, no
solo la crueldad del hombre hacia sus
animales sino algo mucho más peligroso: el
manipuleo de los clones en los animales y la
eventualidad de que, algún día, surja un
ser de este género que sea capaz de dominar
al hombre, ¿por qué no?
Leo
recuperará a su chimpancé. Vivirá un
romance platónico con una simia que lo ha
ayudado pero nadie se explica cómo deja en
ese planeta a una bella rubia de la que se
ha enamorado y a la que la da un estupendo
beso de despedida. Es el “toque”
hollywoodense de esta saga y no podía
faltar. Seamos sinceros: tira abajo todo el
andamiaje esforzadamente armado por Burton.
La
caracterización lograda en los simios es
notable, y se salvan algunos momentos de los
diálogos, dándole a un tema burdo un toque
de realismo. Si no le gustó la primera
versión de este film, por lo menos se
encontrará con una película donde, entrelíneas,
le dejará una visión aproximada sobre la
crueldad humana. Para los que no gusten del
género, abstenerse.
Elsa
Bragato
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