Le
placard
2000
Color, 84´
Sonido: Bernard Bats
Elenco: Daniel Auteuil, Gérard Depardieu,
Thierry Lhermitte, Michele Laroque, Michel
Aumont, Jean Roquefort…
La
comedia de Francis Vebert, sobre un
oficinista gris que se hace pasar por
homosexual para conservar su empleo gracias
a la peregrina idea de un circunstancial
vecino, arremete con inteligencia, filo y
excelente humor contra los prejuicios sobre
la sexualidad masculina que se tejen
socialmente y, en particular, contra las
hipocresías cotidianas de las empresas
sobre estos temas, especialmente puertas de
las gerencias hacia adentro.
Más
allá de lo estrictamente cinematográfico
(sobre lo cual nos extenderemos más
adelante) dos índices dan cuenta de la
solidez de este filme. Vi el preestreno de
la comedia de Vebert en el Cine Club Núcleo,
de Buenos
Aires, junto a un público de cinéfilos
que no acostumbra a hacer concesiones y va
al cine más por vocación que por mero
entretenimiento. La aceptación de la sala
fue contundentemente amplia. Con la alevosía
de quien se siente descubierto y tocado en
lo más profundo de su ser, el diario Ambito
Financiero, Biblia predilecta de los
gerentes y empresarios vernáculos, le
concedió un despechado “regular” a la
muy buena puesta de Vebert. Se comprende.
Que les tomen el pelo, en tiempo de
democracia vaya y pase (aunque sea a regañadientes),
pero encima tener que aceptarlo y festejárselo
al atrevido, es demasiado.
La
película
Humor
y homosexualidad son temas con los que
Vebert ha logrado
inspiración
desde hace tiempo; basta con recordar
los guiones de La jaula de las locas,
dirigida por Edouard Molinaro, con Ugo
Tognazzi y Michel Serrault,
o Alto, rubio y con un zapato negro,
de Yves Robert, con Pierre Richard.
Justamente, ya que hablamos de actores, el
elenco de El Placard es sin duda uno de los
condimentos que hace de lo más apetecible
el manjar de Vebert. Daniel Auteuil, como el
aburrido empleado próximo a quedar en la
callem junto a Michel Aumont, como el psicólogo
retirado que le da la idea (para tomar
revancha de un hecho de la juventud), logran
una comunión ante cámara, que recuerda a
Jack Lemmon y Walter Matthau en Extraña
pareja. Gérard Depardieu, por su parte,
compone excelentemente a un patético jefe
de personal, racista y homo fóbico que por
corrección política deberá dejar de lado
cada uno de sus dudosos principios. También
el recordado
Jean Roquefort construye con talento
al Gerente General, tan racista como el
mejor, que para evitar juicios por
discriminación y mala imagen para la
empresa (cuyo rubro es nada menos que la
fabricación de preservativos) será capaz
de cualquier concesión.
El
ritmo narrativo constante e inquebrantable,
las situaciones imprevisibles, verosímiles
y no por ello carentes de comicidad
inteligente -sin golpes bajos ni groserías
facilistas al estilo de lo peor de Hollywood
(recordemos Gigoló por accidente o El
regreso de los Nerds, por citar dos bodrios
recientes)- también aportan para que El
placard se disfrute hasta el final.
Gustavo
Camps
EL
PLACARD (Le placard)
Dirección
y producción: Francis Veber (guionista
de“La jaula de las locas”), Montaje:
Georges Klotz, Música: Vladimir Cosma,
Productor: Alaiin Poiré. Elenco: Daniel
Auteuil, Gerard Depardieu, Thierry Lhermitte,
Michele Laroque, Michel Aumont, Jean
rochefort, Alexandra Vandernoot, Joel
Demarty, entre otros. Producción de Gaumont,
EFVE, Le studio canal +, TF1 Films
Productions. Distribuye Alfa Films S.A.
EL
“ARTE” DE SER LO QUE SOMOS
Movilizadora
comedia francesa, que nos recuerda, y mucho,
al estilo italiano en comicidad, aunque sin
caer en sus exageraciones. “El placard”
(expresión psicológica para indicar que no
somos extrovertidos sino que optamos por
ocultar nuestro potencial en “un
placard” en vez de salir de él) nos
remite a la historia de un contador de una fábrica
muy conservadora y con personal muy
“machista” en los niveles superiores.
Este contador es considerado un aburrido y
su presencia ya no interesa aunque sea un
buen empleado. Frente a esta situación límite,
Pignon (Daniel Auteuil) pergeña con la
ayuda de su vecino Belone (Michel Aumont) un
cambio de imagen: fotografías trucadas que
llegan anónimamente a la oficina lo
muestran en boliches gays y en actitudes
osadas, semidesnudo. De ahí en más su
entorno laboral cambia y, a medida de que le
suceden numerosas alternativas cada cual más
reidera que la otra, observa que es capaz, a
partir de sí mismo, de cambiar hasta su
vida afectiva, en la que tampoco ha sido
feliz.
Desde
la primera imagen se tiene idea de que se
está frente a una comedia divertida. Con
ese “charme”, que a veces no lo es tanto,
francés, el humor aflora en actitudes
extremas de algunos personajes como el de Gérard
Depardieu, el más machista del grupo
gerencial y el elegido por sus colegas para
“no hacer sentir tan mal” al pobre de
Pignon. Enredos, diálogos simpáticos, y un
transcurrir amable del desarrollo de la
trama en imágenes acompañan hasta el
final, que no es tan previsible. El
personaje de Depardieu, a fuerza de querer
darle protagonismo, es el que más pierde
dado que queda desdibujado y no se entiende
muy bien, aunque existan motivos, para un
cambio tan repentino de personalidad. Es
decir, hubo altibajos en la dirección
actoral o bien en el guión para la inserción
de tan importante actor en el elenco.
Depardieu no puede quedar desaprovechado y,
en algún momento, lo está. De todas formas,
es una comedia para reir y recomendar.
Elsa
Bragato
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