USA, 2000
Título original: Little Nicky
Director: Steven Brill
Guión: Tim Herlihy, Adam Sandler, Steven Brill
Fotografía. Theo Van de Sandle
Música: Teddy Castellucci
Intérpretes: Adam Sandler, Patricia Arquette, Harvey Keitel, Rhys
Ifans, Tommy “Tiny” Lister, Rodney Dangerfield, Reese Whiterspoon,
Dana Carvey, Jon Lovitz, Quentin Tarantino, Rob Schneider, Henry
Winkler, Ozzy Osbourne
Duración: 90 minutos
Esta
temporada Hollywood renovó su simpatía por el demonio. El estreno a
nivel mundial del nuevo montaje de “El Exorcista”, sumado a los
filmes que en los últimos años tuvieron al Príncipe de las Tinieblas
como protagonista (El Abogado del Diablo, End of Days, Almas
Perdidas y La Novena Puerta , entre otros) le posibilitaron a la
Industria una fecunda exploración acerca de las incertidumbres que
conllevaba el cambio del milenio.
También
hubo lugar para la parodia, como el Bedazzled ( Al Diablo con el
Diablo). El humor también es el camino elegido en “Little Nicky”,
en la que Adam Sandler interpreta al hijo del diablo, pero es incapaz de
realizar cualquier acto de maldad. Debe abandonar su despreocupada vida
en el Infierno para ir a
Nueva York e impedir que sus hermanos causen el caos y la destrucción
en la Tierra.
En su
peregrinaje, Nicky conocerá el amor, compartirá el departamento con un
homosexual reprimido, conseguirá dos ayudantes amantes del rock satánico
y se adaptará a la vida de la gran ciudad gracias a los consejos de un
bulldog que posee el don del habla y un apetito voraz por los placeres
mundanos ( eso sí, mucho más simpático que los doberman que ayudaban
a Damien en la saga de La Profecía).
Sandler,
uno de los actores mejores pagos de Hollywood, ha recaudado 400 millones,
sólo en USA y Canada sumando sus tres películas anteriores: Big Daddy,
The Waterboy y The Wedding Singer.
Aún
le falta consolidarse en Europa y en otros mercados, pero con Little
Nicky cuenta con una propuesta digna de captar la atención del público
ávido de buenas comedias.
“El
Hijo del Diablo” es la película más irreverente y políticamente
incorrecta que Sandler haya realizado hasta la fecha, contando con un
presupuesto más generoso, trabaja con unos efectos especiales y un diseño
de producción que se destacan dentro de lo que había sido su filmografía.
Aparte se da el lujo de convocar a Harvey Keitel para que interprete al
Demonio, lo que le permite a este actor neoyorquino seguir el camino de
sus compañeros de generación Al Pacino, Robert de Niro y Jack
Nicholson, quienes también experimentaron con este personaje tan jugoso
para un actor. Por otra parte, como siempre, Sandler se acuerda de sus
amigos,, varios de sus compañeros del programa Saturday Night Live
cuentan con sustanciosos cameos y también son homenajeados históricos
como Rodney Dangerfield y Henry Winkler. Asimismo merecen destacarse las
actuaciones de Quentin Tarantino como un profeta ciego ( es notable la
ironía de que un director de cine sea no vidente y que sea precisamente
Tarantino quien haga de profeta, gracias a todos los imitadores y
seguidores que convirtieron a sus películas en objeto de culto) y de
Ozzy Osbourne, quien bromea sobre su legendaria costumbre de comer murciélagos...
vivos.
Una
divertida sátira social, con un ritmo incesante y una banda de sonido
dominada por el rock pesado acorde a su temática, Little Nicky
deslumbra por su generoso despliegue visual, sus atractivas
descripciones del Cielo y del Infierno, por un variado grupo de actores
que disfrutan plenamente del desafío propuesto y por los continuos gags
que exigen un espectador atento y dispuesto a dejarse llevar por ciertos
códigos relacionados con la cultura americana y con la televisión.
En su
apuesta más ambiciosa y arriesgada ( de hecho en USA esta película no
tuvo el éxito de sus predecesoras) Sandler demuestra ser un actor
inteligente, dispuesto a derrotar los prejuicios de los críticos y de
cierta porción del público, para consolidarse como unos de los
comediantes más interesantes de su generación. El desafío pasará por
lograr un humor cada vez más universal que complemente su indudable
atractivo localista.
LEONARDO
MARTINELLI
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