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EL HIJO DE LA NOVIA


2001
España, Argentina
Dirección: Juan José Campanella
Guión: Fernando Castets, Juan José Campanella
Montaje:  Camilo Antolini
Fotografía: Daniel Schulman
Música: Angel Llaramendi
Elenco: Ricardo Darín, Norma Aleandro, Héctor Alterio,  Eduardo Blanco, Claudia Fontán

Campanella ya estrenó en la Argentina Ni el tiro del final, sobre un libro de José Pablo Feinmann, con objeciones por parte de la crítica, y luego El mismo amor, la misma lluvia, película muy bien recibida por el público y el periodismo especializado.

El hijo de la novia también es un buen filme sobre la vida de un argentino contemporáneo, igual que El mismo amor... 

Cuarentón, divorciado, pragmático y con las contradicciones propias de la vida, el personaje que encarna Ricardo Darín regentea un restaurante heredado de la familia, tiene una novia joven para su edad, una hija, una ex esposa que lo marca de cerca sin perdonarle una, un amigo de la infancia, y los padres (excelentes trabajos de N. Aleandro y H. Alterio): ella con el mal de Alzheimer y él emotivo y enamorado de su mujer más allá de todo.  

Campanella usa los dispositivos del cine  para narrar con eficacia y se las arregla de maravillas para contener a los actores  dentro de sus personajes.

En muchas escenas se advierte el recorrido suave de la cámara mientras se desarrollan los diálogos (padre e hijo, hablando de la madre en una sobremesa, por ejemplo), algunas veces para pasar del personaje que habla al que escucha y mostrar así las reacciones que causan las palabras, otras para cambiar el ángulo de la toma e imprimirle dinamismo a la acción.

La escena en la que el protagonista padece una crisis que lo llevará de urgencia al hospital, filmada desde el punto de vista del protagonista, recuerda el estilo de los mejores filmes norteamericanos, y esto  no es casual ya que Campanella, aunque argentino,  comenzó a filmar (y sigue) en los Estados Unidos.

Igual que en El mismo amor... Campanella elige una noche de lluvia para hacer reencontrar al protagonista con el amor. A diferencia de aquel filme, esta vez el final no es abierto.

Sin llegar a ser una película coral, es decir con varios protagonistas y  situaciones por resolverse, los personajes secundarios tienen características suficientes que les dan cuerpo, color y consistencia y no están sobrecargados salvo, tal vez, el papel que le toca a Eduardo Blanco como el amigo de la infancia que se reencuentra con el protagonista. Por otra parte, no hay excesos en las actuaciones, todos los personajes son creíbles y también lo son sus diálogos.  Norma Aleandro actúa estupendamente.

Tal vez para encuadrar más fuertemente al filme dentro del corsé de la comedia, es evidente cierta persistencia en el guión por rematar varias escenas con algún bocadillo cómico o desequilibrante (el menos logrado es, sin duda, parte del contrapunto del protagonista con su amigo, en el casamiento orquestado para su madre), algo que no tiene siempre la misma eficacia en el filme.

Pero el saldo es positivo. El hijo de la novia forma parte del mejor cine argentino, creíble, realista, emocionante y a la vez dinámico. Hay que verlo para creerlo.

Gustavo Camps

 

 
 

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