Título:
EL EXORCISTA
“El
exorcista”, estrenada el 26 de diciembre de 1973, marcó un
hito en la cinematografía. Nunca antes se habían visto efectos
especiales tan aterradores ni se había narrado con imágenes un
exorcismo de esa magnitud (hubo alguna que otra realización del cine
europeo), que recibió el beneplácito de la Iglesia Católica. Esta película
logró 10 nominaciones al Oscar, y rompió los récords de taquilla en
su primera temporada en los cines. El libro de Blatty, por sí solo, había
vendido 13 millones de ejemplares solo en los Estados Unidos. Friedkin
recurrió a un casting “made in casa” por ese entonces: la inclusión
del escritor Jasón
Miller fue también exitosa: logró la nominación para el
Oscar. Luego confió en Max
Von Sydow, el sueco lanzado a la fama por Ingmar Bergman,
director a su vez que logró su espaldarazo internacional en los
cine-arte de Buenos Aires.
El
rodaje se realizó en Nueva York, en el norte de Irak y en Washington
D.C. El agregado de seis
pistas sonoras en esta “remake” significa para el
espectador una mejora sustancial en el sonido. Las pistas se manejan en
forma independiente de los fotogramas por lo que el sonido digitalizado
sorprende, digamos asusta, al público por su efectismo.
Este
film, luego de casi 30 años de ser estrenado, con el agregado de
escenas que entonces debieron cortarse (en
total, se añadieron 11 minutos), debe ser un hallazgo para
las nuevas generaciones. Está basado en un hecho real, ocurrido en
1949. El escritor Blatty creó una obra de ficción a partir de un
exorcismo sucedido en los Estados Unidos. El tema entonces era “delicado”.
La historia se basa en la vida de una joven adolescente, con una madre
actriz, que comienza a tener trastornos de conducta. Es sometida a
diferentes tratamientos para determinar qué sucede en el lóbulo
derecho de su cerebro. Aquí se asistirán a escenas casi espeluznantes:
la tecnología médica de aquellos años era evidentemente cruenta para
el paciente. Y el director no ahorra fotogramas. A medida que el
trastorno de conducta en Regan aumenta, la madre encuentra en un
sacerdote la única vía de solución. Aquí aparece el personaje
encarnado por Jasón Miller, el
Padre Karras, que en su vida personal enfrenta una situación
límite con su anciana madre. Los ataques de la joven Regan (Linda
Blair) son cada vez más feroces e incontenibles.
Transformada en un monstruo, se flagela por lo que debe ser atada a su
cama. Su voz ya no es la misma. Satanás la ha poseído. Curiosamente,
el padre Merrin (Max
Von Sydow), que debió ser envejecido en unos 30 años en los
70, que está recorriendo unas ruinas en el norte de Irak encuentra una
pieza antigua que representa al demonio Pazuzu, una imagen que lo
perseguirá y a la que intentará darle una explicación, ¿o marcará
el fin de su vida? La respuesta la encontrará en Washington D.C.
Los
ataques de Regan son cada vez más feroces. Su cabeza pueda darse vuelta
como un muñeco de trapo, escupe un espeso líquido verde, sus labios
están resecos, se hiere brutalmente con un arma filosa en sus zonas íntimas,
golpea a su madre, no tiene control sobre sí. El horror conmueve,
sensibiliza cada vez más al espectador. El film de Friedkin va logrando
su objetivo nuevamente: no por haber sido vista por quienes peinan canas
la película ha perdido vigencia, sobre todo en las últimas dos décadas
donde seudosacerdotes se han atribuido la facultad de exorcizar, uno de
los recursos extremos de la Iglesia Católica que solo algunos Padres
pueden realizar. De allí la importancia de rever, o ver, un film que
toca un tema muy actual.
Los
secretos del exorcismo, las exigencias de la Iglesia Católica para
emplear este tipo de curación, como las dudas del padre Miller por su
fe ante el demonio que está destruyendo la vida de la joven Regan, están
claramente expuestas en esta notable película de William Friedkin.
Una
anécdota especial: esta película le costó a Linda Blair prácticamente
su carrera cinematográfica. Elegida tras un severo casting, luego de
realizar este film fue considerada una persona
“con carga negativa” por lo que Hollywood mostró su peor
cara para la exitosa joven: negarle trabajo en las grandes producciones.
Blair debió subsistir realizando filmes de bajo presupuesto. Fue
entonces cuando decidió dedicarse a la equitación, una pasión de su
adolescencia, y realizar pruebas ecuestres para poder sobrevivir. Con
los años, se unió a entidades de beneficencia, en las que actualmente
sigue estando, para mantener su popularidad y por convicción, y no ser
eliminada por el brutal sistema hollywoodense. Algunas obras en Broadway
lograron restañar en algo tanta injusticia. “El exorcista” fue
determinando en su carrera, un aspecto poco contado pero absolutamente
real como que la misma protagonista se animó a confesarlo en un extenso
reportaje ofrecido en una importante cadena televisiva de los Estados
Unidos.
Si
los 45 minutos iniciales le parecen lentos, tenga en cuenta que los 45
minutos finales no le darán tregua. Aférrese
a la butaca y sosténgase el alma.
Elsa
Bragato
|