Título:
EL
DOCTOR T Y LAS MUJERES
Título original: Dr.
T & the women (USA 2000)
En
MASH, la película que le valió la primera de sus cuatro nominaciones
al Oscar, Robert Altman realizaba una comedia irreverente y ofrecía su
sarcástica visión de la Guerra de Corea con un grupo de médicos como
protagonistas.
En
su nueva propuesta, el provocativo realizador de 76 años ( uno de los
sobrevivientes del cine americano, junto a Sydney Lumet y John
Frankenheimer) vuelve a utilizar la figura del médico como protagonista
y observador privilegiado de un mundo fascinante y misterioso.Así como
en “las Reglas del Juego”colocaba su ácida mirada en Hollywood,
homenajeaba a la música country en Nashville y divertía con el circo
de la moda en “Pret a Porter”, Altman entrega otro relato coral- en
este caso dominado por las mujeres- en el que realmente se aspira a
saber lo que ellas quieren aunque no siempre se pueda adivinar lo que
están pensando.
“El
Doctor y las Mujeres” puede resultar un título engañoso: no se trata
de una comedia pícara donde el personaje de Richard Gere vive
permanentes aventuras sexuales con sus pacientes.Por el contrario, a
pesar de ser un ginecólogo admirado, con una enorme clientela integrada
por mujeres de la clase alta de Dallas, no logra trasladar su éxito
profesional al ámbito personal.
Abandonado
por su mujer – víctima de trastornos psiquiátricos- tiene una amante
no demasiado entusiasta en el plano afectivo, dos hijas a las que no les
presta la debida atención, una asistente personal y una cuñada que
mueren por él, aunque el buen doctor no se da por enterado. Sumergido en un
verdadero matriarcado, predominado por las rubias, comprobará que, al
igual que sus ocasionales compañeros de caza, sabe muy poco de las
mujeres.
Objeto
de devoción y admiración que además le permiten ganarse la vida, las
atiende con comprensión y paciencia, aunque su esquematizado sistema de
valores se mostrará desacomodado a la hora de adaptarse a los continuos
cambios que se producen a su alrededor.
En
esta etapa de su vida, Altman no se muestra tan intransigente, se permite
un tono más liviano, con momentos realmente divertidos y de una gran
lucidez en el retrato de sus personajes, de los que aporta unos pocos
elementos, para que el espectador elabore después sus propias
interpretaciones.
Sin
el sustento literario de Raymond Carver o Raymond Chandler, para sus
libres adaptaciones de “Ciudad de Angeles” o “El Largo Adiós”,
Altman
vuelve a contar con la colaboración de Ann Rapp, quien también fuera
guionista de su film anterior “La Fortuna de Cookie”. Esto le permite,
una vez más, la creación de cautivantes personajes femeninos,
aprovechado plenamente por el muy buen grupo de actrices.Se destacan
Shelley Long, quien demuestra su don para la comedia adquirido en la
serie “Cheers” y Helen Hunt (la cuarta película en la que la vemos
esta temporada, después de Náufrago, Lo que ellas quieren y Cadena de
Favores) como una mujer que antepone su independencia a cualquier
posibilidad de romanticismo.Pero las dos figuras femeninas más entrañables
las componen Kate Hudson- recientemente nominada al Oscar por Casi
Famosos- y Tara Reid (Cuerpos Salvajes, El Gran Lebowski),. como las
hijas del doctor. Ambas representan desde sus personajes los principales
motivos por los que Dallas es conocida en Estados unidos y en el resto
del mundo: Tara Reid interpreta a una guía turística que trabaja para
un museo dedicado al merchandising y organización de tours hacia el
lugar exacto donde fuera asesinado Kennedy, mientras que Kate Hudson es
la hermana consentida de la familia, a punto de casarse y con un secreto
fundamental para el desarrollo de la trama, quien aspira a ingresar al
grupo de porristas del equipo de futbol americano de la
ciudad,rigurosamente seleccionadas, sus cheerleaders son un motivo de
orgullo local.
Richard
Gere aporta su atractivo y su carisma para el sufrido personaje central
y logra uno de los mejores trabajos de su carrera. En un rol exigente,
elabora en forma sutil la transformación de un hombre que parece
tenerlo todo, un seductor que paulatinamente descubrirá su
vulnerabilidad.
No
tiene desperdicio la tormenta culminante, ámbito propicio para que los
protagonistas manifiesten sus verdades y una excelente ocasión para que
el doctor pueda volver a empezar.
LEONARDO
MARTINELLI
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