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EL CÍRCULO PERFECTO


Título: EL CÍRCULO PERFECTO
Título original: Le cercle perfait
1996
color, 113´
Francia, Bosnia
Dirección: Ademir Kenovic                                                       
Guión: Ademir Kenovic, Abdula Sidran, con la participación de Pjer Zalica
Montaje: Christel Tanovic 
Música: Esad Arnautalic, Ranko Rihtman
Fotografía: Milenko Uherka
Dirección artística: Kemal Hrustanovic 
Vestuario: Sanja Dzeba 
Sonido: David Baksht 
Elenco: Mustafa Nadarevic, Almelin Leleta, Almir Podgorica, Josip Pejakovic, Jasna Diklic, Mirela Lambic...

El círculo perfecto muestra sin efectismo -en un registro realista, cuasidocumental y al mismo tiempo no exento de pinceladas de subjetivismo poético-  el padecimiento de gente común embebida por los agrios condimentos de la guerra. El lugar es concreto: Sarajevo, durante la guerra de Bosnia, en los Balcanes.

La cámara del director Ademir Kenovic adopta la posición de fiel testigo de lo que ocurre en una ciudad inundada por el terror, donde antes que aprender a andar, los niños deben saber que cuando un francotirador dispara, con el primer tiro ve a la victima, con el segundo apunta y con el tercero mata.

La cámara muestra  sin estridencias los padecimientos por la falta de agua y comida, las bombas que destruyen hogares, pero también la esperanza de los que al menos se conforman con mantener en pié un árbol o la vida de unas palomas.

En cierta medida El círculo perfecto es un filme político que trae a la memoria hechos que si no aparecen en  los diarios, más allá de lo recientes que sean, quedan rápidamente atrapados por el olvido.

La acción está centrada en tres personajes. Dos hermanos, de siete y nueve años, que han perdido a toda su familia, y un poeta solitario (M. Nadarevic), al que acaban de dejar su hija y su mujer ante el peligro de vivir en la ciudad.

La narración de Kenovic es efectiva, directa y cuando entra en los momentos oníricos y de fantasía  del  poeta Hamza, fluye con naturalidad, sin forzar las escenas ni exigir sobreactuaciones al sólido Mustafa Nadarevic.

Hay una escena de este filme que vale por mil tratados sobre lo vil e inservible de la violencia. “¿Estará contento el tirador?” pregunta el niño Adis –uno de los coprotagonistas de la historia -  frente a un perro que se lamenta, herido por un francotirador. La pregunta es retórica. Solamente en un país como la Argentina un político cínico, de los que no faltan, podría contestarle diciendo “le dieron la orden de tirar”, pero esta es otra historia, no la del filme de Kenovic.

Gustavo Camps

El círculo perfecto muestra sin efectismo -en un registro realista, cuasidocumental y al mismo tiempo no exento de pinceladas de subjetivismo poético-  el padecimiento de gente común embebida por los agrios condimentos de la guerra. El lugar es concreto: Sarajevo, durante la guerra de Bosnia, en los Balcanes.

La cámara del director Ademir Kenovic adopta la posición de fiel testigo de lo que ocurre en una ciudad inundada por el terror, donde antes que aprender a andar, los niños deben saber que cuando un francotirador dispara, con el primer tiro ve a la victima, con el segundo apunta y con el tercero mata.

La cámara muestra  sin estridencias los padecimientos por la falta de agua y comida, las bombas que destruyen hogares, pero también la esperanza de los que al menos se conforman con mantener en pié un árbol o la vida de unas palomas.

En cierta medida El círculo perfecto es un filme político que trae a la memoria hechos que si no aparecen en  los diarios, más allá de lo recientes que sean, quedan rápidamente atrapados por el olvido.

La acción está centrada en tres personajes. Dos hermanos, de siete y nueve años, que han perdido a toda su familia, y un poeta solitario (M. Nadarevic), al que acaban de dejar su hija y su mujer ante el peligro de vivir en la ciudad.

La narración de Kenovic es efectiva, directa y cuando entra en los momentos oníricos y de fantasía  del  poeta Hamza, fluye con naturalidad, sin forzar las escenas ni exigir sobreactuaciones al sólido Mustafa Nadarevic.

Hay una escena de este filme que vale por mil tratados sobre lo vil e inservible de la violencia. “¿Estará contento el tirador?” pregunta el niño Adis –uno de los coprotagonistas de la historia -  frente a un perro que se lamenta, herido por un francotirador. La pregunta es retórica. Solamente en un país como la Argentina un político cínico, de los que no faltan, podría contestarle diciendo “le dieron la orden de tirar”, pero esta es otra historia, no la del filme de Kenovic. 

 Gustavo Camps

 

 
 

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