Título:
El amor y el espanto
Origen:
Argentina
Dirección:
Juan Carlos Desanzo
Guión:
José Pablo Feinman
Montaje:
Sergio Zottola
Música:
Martín Bianchedi
Fotografía:
Carlos Torlaschi
Sonido:
Luciano Specos
Vestuario:
Mercedes Uría
Elenco:
Miguel Angel Sola, Blanca Oteyza, Victor Laplace, Norman Briski, Roberto
Carnaghi, Alicia Berdaxagar, Cristina Banegas, Roly Serrano, Jean Pierre
Reguerraz, Victor Bruno, José María López, Jorge Ochoa...
Desanzo
fabrica su película como un gran racconto, donde se reflejan las
sensaciones que experimenta el escritor Jorge Luis Borges al observar
desde la ventana de su casa, el paso de una manifestación que grita
vivas al carismático líder político Juan Domingo Perón.
Es
el año 1946. Borges está con su madre. El filme muestra qué cosas
asaltan la imaginación del escritor en el corto lapso en que los
manifestantes pasan.
La
idea no esta del todo mal (si se me permite usar un giro borgeano) pero
hay que decir que el filme adolece del defecto de tantos filmes
argentinos: se obliga a los actores a decir con extensos y aburridos
parlamentos lo que deberían decir con la actuación y la ayuda de la cámara.
Pero la cámara de Desanzo narra poco y nada. Por otra parte, el guión
construye un Borges tan extraño y con tantas diferencias con el
escritor Borges socialmente aceptado, que rápidamente la originalidad
del personaje se convierte en inverosimilitud, a pesar de que la obra es
ficcional y no pretende ser histórica.
El
elenco de “El amor y el espanto” es bueno y muy bueno para
desaprovecharlo con palabrerío. Actuar es lo que mejor saben hacer
estos actores que supo juntar Desanzo para su filme. Miguel Angel Sola -que
se juega entero, en el rol principal- Alicia Berdaxagar (que hace 26 años que no pisaba un set
de cine) como la madre del escritor; Laplace
y Brinski, Roly Serrano y Roberto Carnaghi, Blanca Oteyza (quizá
demasiado española para su papel, pero nunca fuera de registro), todos
en papeles que remiten a personajes borgeanos, y Cristina Banegas,
incomprensiblemente en un rol secundario.
Es
curioso que Desanzo haya pretendido encasillar su filme dentro del género
del Thriller (thriller borgeano lo ha bautizado, no sin cierta
pomposidad). Alfred Hitchcock, un especialista en el género si los hubo,
ha sabido transmitir en sus filmes que los parlamentos sólo es
conveniente utilizarlos cuando no es posible narrar los hechos por medio
de las imágenes y la sucesión de planos.
La
puesta de Desanzo casi no tiene continuidades narrativas, más bien
parece armada teatralmente a partir escenas independientes, lo que en
varios casos le da al espectador la impresión de estar haciendo zaping
(es el caso de la escena en la que Borges escapa de día del corralón
de aves lleno de barro en los zapatos y desemboca en la escena siguiente
deambulando de noche en una vereda de la ciudad con los pies limpitos).
Hay
escenas dramáticas en “El amor y el espanto” (la muerte de Beatriz
Viterbo, la búsqueda que hace Borges de su legajo, en la oficina de
inteligencia, la pelea a cuchillo en un bar), y a la puesta no le faltan
ingredientes alegóricos, los actores también están a la altura de las
circunstancias, pero la película no fluye, es tediosa, sus 115 minutos
tardan mucho más de casi dos horas en pasar.
Gustavo
Camps
Ver
entrevista con Miguel Angel Sola
Nota
de Miguel
Angel Sola
No se puede hablar de “El amor y el espanto” sin
hacer particular referencia al guión y al guionista del filme. Con
su guión, el escritor peronista José Pablo Feinmann pretende tomar
revancha sin sutilezas ni diplomacias contra Jorge Luis Borges, un
escritor brillante, filoso y antiperonista hasta el tuétano, que supo
oponerse, contradecir y ridiculizar de la manera más refinada y artera
al peronismo. Tanto es así, que aunque se acepten las licencias del guión
y no se tache de inverosímil, sin más, al personaje-borges que inventa
Feinmann –pues, después de todo se trata de una ficción y no de un
filme histórico- es tal la diferencia entre el Jorge Luis Borges
que conocemos todos y el de Feinmann, que bien podría uno cambiarlo por
cualquier otro escritor, por Feinmann mismo, y el personaje encajaría
también en el filme (no así su composición actoral, obviamente).
Es que para escribir el guión, Feinmann toma un par de informaciones
sobre Jorge Luis Borges más o menos en boca de todos –el carácter
fuerte de la madre del escritor, su personal forma de relación con el
sexo opuesto, el nombramiento como inspector de la venta de aves de
corral y de huevos durante el primer peronismo, su aversión rotunda a
este movimiento político- y usa los nombres de unos cuantos personajes
borgeanos para luego reacomodar todo a su gusto y dar vida al curioso
Borges de “El amor y el espanto”.
Con este guión Feinmann se ha dado el gusto de difamar a Borges, presentándolo
como un pusilánime que se sobresaltaba ante el primer ruido y le temía
a las mujeres. Seguramente Feinmann ahora debe sentirse feliz con su
creatura, porque, como ha dicho el escritor de El Aleph alguna vez:
“Escribir es siempre un placer, más allá del valor de lo que se
escribe”.
Gustavo
Camps
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