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DRACULA
2001
Entre
la multitud de versiones en derredor al texto “Drácula” (1897) de
Bram Stoker, existen dos vertientes. La primera, “Nosferatu”, de F.
Murnau (1922), “Nosferatu, el vampiro de la noche” (1978) de Werner
Herzog, verdadera relectura del mito, y recientemente “La sombra del
vampiro” (2000), de E. Elías Merhige. Haciendo hincapié en estos
tres, convergen en una mancomunión esencial, oscura, sòlida, macabra y
ambigua entre el personaje, los actores y el realizador (por orden, en
el rubro actoral: Max Schreck, Klaus Kinsky y Willem Dafoe). Información
adicional: Bela Lugosi en 1931 fue Drácula con la dirección de Tod
Browning.
A
la segunda variante pertenecen grosso modo, arbitrariamente
seleccionados, los siguientes filmes: “Drácula, príncipe de las
tinieblas” (1965) con Christopher Lee, actor que inicia la modalidad
de un Drácula apuesto, dirigido por Terence Fisher; “Drácula”,
fines de los 70, de John Badham, con Frank Langella y ahora “Drácula
2001”, de Patrick Lussier (recordemos que George Hamilton hace el
mismo rol, en tono de comedia, en “amor al primer mordisco”, de
Peter Medak). En esta segunda variante que analizamos no hay un
compromiso ni conexión entre los artistas y el personaje, generándose
un resultado más ligero y menos auténtico con respecto a la primera
vertiente.
La
película que hoy nos ocupa tiene producción de Wes Graven (dirigió la
serie de filmes “Scream” y recientemente “Música del corazón”,
un drama con Meryl Streep) y a Gerard Butler, con pose de galán, en el
rol del inveterado vampiro, un Drácula asociado con Judas Iscariote que
odia al cristianismo, más “fashion” e industrial, dirigido al público
adolescente y a la taquilla segura. Aún así, este largometraje
contiene una efectiva labor de dirección, fotografía y actuaciones,
funcionales en relación al modelo antes mencionado, más un guión con
diálogos no originales pero sí bien calculados. Por ejemplo, en dos
ocasiones, el personaje víctima expone una cruz para evitar morir y el
victimario responde: “Lo siento, soy ateo”. El mismo personaje
utiliza una Biblia ante Drácula y éste le contesta: “¡Propaganda!”.
98 minutos de modernidad aceptables.
Raúl
Valls
PostData:
Recuérdese que, adscripto a la primera tendencia, el director Roman
Polansky es un verdadero epítome satánico de la vida y el arte. Nótese
que, en el comienzo del film, dice Drácula 2000, enmendado por 2001.
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