
Título:
Día de
venganza
2000
Color, 94 ´
EEUU
Dirección:
Jamie Blanks
Guión: Donna Powers, Wayne Powers, Gretchen J. Berg, Aaron Harberts
s/ libro de Tom Savage
Montaje: Steve Mircovich, ACE
Música:
Don Davis
Fotografía: Rick Bota
Diseño de producción: Stephen Geaghan
Elenco:
David Boreanaz, Denise Richards, Marley Shelton,
Catherine Heigl
Presenta
Warner Bros. Pictures
Escenas
de algunos clásicos del cine de terror y suspenso remedadas con brocha
gorda, sangre a discreción (o sin discreción para ser precisos),
cuotas de sexismo (aunque no hasta escandalizar), fotografía eficiente
(Rick Bota sabe lo que hace indudablemente) y efectos especiales no son
suficientes para que este filme consiga cierta consistencia que lo
ubique en un lugar aceptable del género de horror.
Día
de venganza es una puesta menor que se aprovecha de caras bonitas y
conocidas del cine (Denise Richards, una diosa a la que se perdona todo,
incluso este protagónico) y la televisión, como es el caso de David
Boreanaz (Buffy, la cazavampiros) y Catherine Heigl (Roswell).
La
historia gira alrededor de cinco amigas de toda la vida que entre lo que
siempre compartieron figura el rechazo y la burla despiadada a un compañero
del colegio (en la ficción, Jeremy Melton) en la época de
adolescentes. Han pasado varios años y en un día de San Valentin (día
de enamorados) comienzan a
aparecer mensajes amenazadores contra las chicas y asesinatos.
No
es exagerado decir que el filme no se destaca por la originalidad de sus
escenas y además adolece de un guión exasperante: el asesino actúa y
las víctimas caen o se salvan según pasan los minutos.
Algunas
escenas que apuntan a la comicidad sexual – rayana en lo procaz, al
estilo American pie - tal vez les puedan llegar a resultar más
interesantes a los adolescentes con menos vagaje de películas encima, más
interesados en pasar el rato que en ver un buen filme. El resto es una
suma de lugares comunes.
Gustavo
Camps
FESTIN
DE SANGRE
Llega
el día de San Valentín. Un hombre con una máscara de querubín
sembrará terror y horror... Cinco amigas desde la infancia (Kate,
Paige, Dorothy, Lily y Shelly) deciden encontrar al hombre de sus vidas.
Cada una de ellas viene con alguna historia personal trunca, frustrante.
Ya son mujeres que pelean por su lugar en el mundo. Dorothy, aquella
gordita de la secundaria de la que todos se burlaban, les da la
posibilidad de encontrar al hombre soñado al prometerles una gran
fiesta en su mansión: tiene un excelente nivel económico, si bien su
familia no cumple con los parámetros tradicionales (su padre deja que
su nueva esposa, una prostituta tan joven como Dorothy, maltrate a su
hija) creándole mucho resentimiento. Shelly, estudiante de medicina
avanzada, es la que no podrá participar de esta reunión: hace tiempo
que no ve a sus amigas, y es la primera en ser asesinada. En su entierro
se reencuentran las cuatro restantes amigas, seguidas de cerca por un
investigador de la policía. Empiezan a recibir mensajes amenazantes con
una firma extraña, cuyas iniciales concuerdan con los nombres de un
chico de la escuela al que vapulearon un día de San Valentín. Todos
los hombres que conocen caen bajo sospecha: el vecino de Kate, el pintor
exótico que hipnotiza a Lily, mientras que Paige, su compañera de
departamento, es la única que no siente miedo. Kate es la bonita del
grupo, periodista que mantiene una relación con muchos altibajos con un
colega, Adam, aficionado por demás al alcohol. El día de la gran fiesta en la casa de Dorothy, que le ha dado
albergue a un joven desconocido, Campbell (también sospechoso como el
resto de los muchachos) a cambio de mimos y sexo, todas están
exultantes aunque temerosas: murió Shelly y otra de las amigas ha
desaparecido, jamás llegó a su oficina de Los Angeles. Cuando se
enteren, las muertes habrán sembrado pánico y la fiesta será un festín
de sangre.
La
película está muy bien filmada, los horripilantes y consabidos
asesinatos se producen desde un lugar menor burdo que el común
denominador de estos filmes, y hay momentos de gran tensión, lograda
por la combinación hábil de imagen y música. El final es obvio,
aunque existe la posibilidad de pensar en dos finales. Uno puede
imaginar quién es el asesino, pero después se da cuenta de que es otro,
para retomar la duda: ¿quién fue? ¿O dará pie a otra película? Solo
para amantes del género del horror.
Elsa
Bragato
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