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Título:
CUERPOS SALVAJES
Dirección: Michael
Cristofer
Productor: Colomby
and Keohane
Guión: David
McKenna
Fotografía: Rodrigo
García
Edición: Eric
Sears
Elenco: Sean
Patrick Flanery, Jerry O’Connel, Amanda Pett, Tara Reid, Ron
Livingston, Emily Procter, Brad Rowe, Sybil Temchen.
REFLEXION
SOBRE LAS “NOCHES LOCAS”
Un
film con moraleja. Cuatro chicas y cuatro muchachos que se conocen deciden,
como tantas otras veces, ir a bailar y a buscar sexo. En esta búsqueda,
las parejas se entrecruzan y uno de ellos, famoso como rugbier, se ve
involucrado en un abuso sexual por el que recibirá condena poniendo en
peligro tu poderosa carrera deportiva.
El
tema resulta interesante, sobre todo para el sector social que concurre a
lugares bailables. Música más o menos igual, aunque con idiosincrasia de
cada país, y esquemas sociales similares. Todos los niveles sociales
necesitan interrelacionarse buscando íntimamente al verdadero amor. La
mayoría cae en trampas como en este caso.
La
película comienza con cierta lentitud narrativa que luego se acelera y
deja, al menos, una buena imagen en la retina del espectador. Hay
“flashback” fundidos sobre los rostros de los protagonistas que
terminan hablando frente a cámaras, como si éstas fueran sus psicólogos,
o aquello que solo se le dice a la almohada.
Técnicamente,
impecable. La historia no es mala. Es aleccionadora, resultando
interesante para los adolescentes y los “preadultos” que buscan
relacionarse y, alguna vez, encontrar el amor definitivo. Solo queda
rondando una pregunta: ¿siempre hay acoso y violación cuando una joven y
tentadora mujer atrae con todos los encantos que puede a varios jóvenes a
la vez? En fin...
Elsa Bragato
En
un principio la propuesta de “Cuerpos Salvajes”, si bien dista de
ser original, aparece como digna de interés. A través de ocho
personajes que salen a divertirse un viernes a la noche en Los Angeles,
dispuestos a olvidar la rutina laboral y a vivir nuevas experiencias, la
película procura retratar la incomunicación y las eternas dificultades
exhibidas por hombres y mujeres a la hora de relacionarse. Los distintos
protagonistas monologan mientras miran a la cámara, como hacía John
Cusack en Alta Fidelidad o como ocurre en varios filmes de Woody Allen.
Sus teorías, en la mayoría de los casos, no se corresponden con la
realidad, ya que se encuentran en una etapa de búsqueda y aprendizaje,
repletos de incertidumbres más allá de la aparente confianza y de
cierta arrogancia que intentan demostrar.
Con
estructura y formato de una serie de televisión americana, desde el guión
hasta la puesta en escena, Cuerpos Salvajes presenta a un grupo de
jóvenes de bena posición económica, todos menores de 30 años,
aunque los hombres parecen más realizados en el campo profesional.
Entre las mujeres, si bien hay una abogada exitosa, después se
encuentran una aspirante a actriz, una camarera preocupada por la
sensibilidad de sus pechos luego de su última cirugía y una oficinista
con un excesivo entusiasmo por el alcohol.
La
atractiva premisa se ve perjudicada por
la mirada anacrónica de los responsables de Cuerpos Salvajes en
relación a la temática sexual, eje fundamental del relato, una visión
que contrasta con el espíritu modernos y joven que se pretende reflejar.
En
el film de Michael Cristofer, con una seriedad enfrentada al tono más
ligero del comienzo, se cae, de
forma paulatina, en la habitual demonización del sexo, al que se
identifica con el peligro y la violencia antes que con el placer y el
disfrute. Hay lugar para una supuesta violación, un ocasional encuentro
en un garage, una situación humoristica que sirve como alivio cómico
y, paradójicamente, los únicos personajes involucrados en una relación
romántica no logran hacer el amor, privándolos de manifestar su deseo
a través del sexo, por lo que se ven relegados a una castidad poco
convincente.
Curiosamente,
la fotografía le pertenece a Rodrigo García, quien en su debut como
director en “Con Sölo Mirarte” mostró una mayor sensibilidad a la
hora de retratar en universo femenino que la exhibida por los autores de
“Cuerpos Salvajes”.
Leonardo
Martinelli
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