Dirección:
Bebe Kamin, Guión: Adriana Man y Bebe Kamin,
Fotografía: Lucas Schiaffi, Montaje: Cesar
D’Angiolillo, Sonido: Bebe Kamin y Facundo
Rodríguez, Música: Rodolfo Mederos con
inclusión de melodías de Alejandro Lerner
y otros autores. Elenco: Mariano Torre, Vanesa Weinberg, Javo
Rocha, Cristina Banegas, Verónica Llinás,
Leonor Manso, Mario Pasik, Tato Pavlovsky,
Silvina Segundo. Producción del INCAA. Presenta
Distribution Company.
UN FILM SIN ENCANTO
Dos casas vecinas, dos mundos distintos: Celina
enfrenta su divorcio justo el día del cumpleaños de uno de sus hijos y Vito, el
adolescente hijo de su vecina, el fracaso como futbolista por su afición a las drogas.
Ambos se relacionarán a partir de la madre de Vito (Leonor Manso), que le pide ayuda a
su vecina cuando su hijo entra en un estado de coma por abuso de cocaína. Esto le
permitirá conocer a Celina otra realidad, la de los amigos de Vito, marginales
absolutos, que disfrutan de la velocidad en las motos y de la marihuana como aperitivo.
La apuesta de Kamin es mostrarnos este contraluz, esta oposición entre una familia
que lo tiene todo y otra a la que le falta lo mínimo como es el trabajo.
Como propuesta, no está mal. Pero nos
encontramos con actuaciones muy pobres, muy poco elaboradas. Leonor Manso está lejos de
sus grandes instrospecciones actorales. La moraleja es muy clara: el dinero no salva a
nadie de la pobreza de espíritu.
Desde el punto de vista cinematográfico, Kamin
echó mano a recursos muy conocidos, poca creatividad para realzar una historia común
pero que tenía sustento suficiente para ser sacado a la luz y mostrado con imágenes. Un
detalle que no pasa inadvertido es el audio, el sonido de la película: hay “delay”,
demora, está mal colocado, y además no es sonido-ambiente, por lo que el doblaje está
fuera del contexto que se ve. Demos un ejemplo: Leonor Manso habla y abre una
heladera. Nadie escuchará el ruido de ese abrir y cerrar la puerta de la heladera. Se
tiene la sensación de estar frente a un radioteatro donde los ruidos eran y son
realizados en el estudio de sonorización. Esto es inadmisible.
Se rescatan las actuaciones de Vanesa Weinberg,
como “La Gorda”, y de Mariano Torre, como “Vito”. Lo más logrado en cuanto a
imágenes está en los encuentros de los amigos de Vito en la plaza y sus fiestas
plenas de cerveza y droga. Tampoco la música acompaña el relato: comienza con un rock
pesado, pasa al pop y de pronto, el tango de Mederos con tanta reminiscencias
piazzollianas. No se entiende por qué, no hay motivos en el film que justifiquen este
cambio de música, ni siquiera las imágenes nocturnas de Buenos Aires. De regular para
abajo.
Elsa Bragato
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