Título: CIUDAD
SIN LUZ
Dirección: Juan Carlos Arch
Guión: Juan Carlos
Arch sobre libro de Carlos Catania
Producción: Cristina Marchese
Fotografía: Werner Kunte
Escenografía: Fernando Silvar
Música: Ricardo Perez Miró
Vestuario: Osvaldo Pettinari
Monteje: Pablo Pallero
Origen: Argentina, 1999
Realizada con el apoyo del INCAA y del Cine Club Santa Fe
Elenco: Carlos Catania, Miguel Flores, Diego Soffici, Lidia Smidt,
Adrián Airala, entre otros, con la participación especial de Ulises
Dumont y Benico “Coco” Leonardi.
Un
film imperdonable
La
historia se desarrolla en la ciudad de Santa Fe. Arch parte de un
personaje que busca trabajo, padre de dos criaturas, que conlleva un
matrimonio frustrante y encuentra solaz en el amor de su cuñada y en el
de su tía septuagenaria que está en un geriátrico. La falta de
trabajo lo lleva a caer en la delincuencia. Así se relaciona con gente
del hampa, que maneja también la prostitución y, por supuesto, la
impunidad.
La
línea argumental pudo servir para realizar un muy buen policial. Tiene
todos los elementos propios del género. Pero la cuestión es cómo Arch
traduce en imágenes el guión cinematográfico, cómo maneja la dirección
actoral, qué recursos logra explotar de su elenco y de qué manera se
refleja todo esto en la pantalla. Nos encontramos frente a diálogos
pobrísimos, armados en base a frases hechas; la inexpresividad del
personaje principal, José Bonnard, es otra de las claves de este
fracaso de nuestro cine. Ni el drama, ni el dolor, ni la alegría ni el
amor parecen hacerle mella: su rostro permanece impasible. Como si
estuviera en el escenario de una fiesta colegial, a los actores les
cuesta darse cuenta de que están frente a una cámara y producen un mínimo
bache entre la orden de “acción” y el comienzo del diálogo. El
montaje es elemental: hay un tratamiento televisivo que, hoy por hoy, ha
sido superado por la empresa Pol-ka, por ejemplo, liderada por el actor
Adrián Suar. En el juego del campo y contracampo se llega a ver la
sombra del camarógrafo, transformado en movilero, es decir, cámara al
hombro. La búsqueda de la justicia, de la verdad, el honor, la dignidad,
están traducidas tanto en imágenes como en palabras con tal
elementalidad que esta película no resiste un mayor comentario. La
marginalidad nos rodea en esta Argentina de hoy, es cierto, pero para
llevarlo al séptimo arte no es necesario caer en igual pobreza de
recursos. “Ciudad
sin luz”, buen título, es un curso menos que elemental de cómo se es
pobre y de cómo se cae en la delincuencia. La posibilidad de salida,
que sería el subtexto, queda en la nada, con lo que se justifica
plenamente el título. Es la única coincidencia. Lamentable.
Elsa
Bragato
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