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CHOCOLATE


Título: CHOCOLATE
Título original: “Chocolat”
Presentado por Miramax International
Dirección: Lasse Hallstrom
Guión: Robert Nelson Jacobs (basada en la novlea “Chocolate”, de Joanne Harris)
Productor: David Brown, Kit Golden, Leslie Oyeran, Alan Blomquist
Fotografía: Roger Pratt
Edición: Andrew Mondshein
Elenco: Juliette Binoche, Lena Olin, Johnny Depp, Judi Dench, Alfred Molina, Peter Stormare, Carrie-Anne Moss, Leslie Caron, John Wood, Victoire Thivisol, entre otros.

Que el chocolate es una “tentación”, lo sabemos todos. Sin embargo, esa tentación, ese atractivo irresistible por paladearlo tiene otras connotaciones que, normalmente, no solemos verlo. El director Lasse Hallström, sí. A partir del guión de Robert Nelson Jacobs, quien estudió la mística historia Maya del chocolate donde era considerado como símbolo del poder y del placer, Lasse movilizó su ingenio y su destreza cinematográfica: había que encontrar una ciudad medieval donde el tiempo pareciera haberse detenido. La encontró en la ciudad medieval francesa de Flavigny, cerca de Dijon, que se remonta al siglo X.

Hasta ese lugar, llamado en la ficción “Lansquenet”, el viento Norte, de gran significación simbólica en la película, lleva a una madre soltera, Vianne Rocher (Juliette Binoche) y su pequeña hija (Victoire Thivisol). Alquila un viejo local y pone manos a la obra: pinta, ordena, y abre una coqueta vidriera. Cuando el viento se lo permite, cuelga el cartelito de la chocolatería Maya. El pueblo pasa frente a esa vidriera con resquemor. La primera en atreverse a charlar con Vianne es la dueña del lugar, una viuda enferma de diabetes. Ante su asombro, Vianne hará la primera demostración de sus “poderes”: hace girar una especie de plato con símbolos supuestamente mayas y, al detenerse, le dice que sabe qué chocolate le gusta. El de pimienta, el amargo, el simple, todas exquisiteces que terminan por complacer a la anciana, enfrentada con su hija, a su vez la secretaria del Conde del lugar, a quien su mujer ha abandonado. La iglesia, a instancias del Conde, no ve con buenos ojos a esta joven mujer que hace pecar... ¿Cómo? Quienes prueban el chocolate que ella les elige, ven desaparecer sus inhibiciones, la vida toma otro color, todo es posible sin herir a nadie. La tentación de Eva ahora se transmuta en la tentación de Vianne. No con la manzana, sí con el chocolate. Esto provoca un escándalo en el pueblo. Vianne cree que podrá enfrentarlo. Apela a sus antepasados, al recuerdo de su madre, que tiene una incidencia directa en los poderes de su hija y que el espectador tardará en descubrir. Vianne cuenta con el apoyo de su pequeña hija y, repentinamente, el del gitano Roux (Johnny Depp), de quien se enamorará. Pero la furia de la condena social, aunque Vianne haya logrado que buena parte del pueblo esté de su parte, impondrá un vuelco dramático a la casi bucólica trama de “Chocolate”.

Se trata de un guión diferente, original, bien desarrollado cinematográficamente. La fotografía se adecua perfectamente a los requerimientos del guión y tiene, por añadidura, la siempre inaccesible belleza de los pueblos medievales, bien explotado por el director.

Los personajes son creíbles, sin sobreactuaciones. Juliette Binoche no miente con la dulzura de su mirada. Bien podría decirse que solo ella podía haber sido esta “Vianne Rocher”. Johnny Depp aquí puede ser también músico, como en la vida real, y su personaje emana tanto carisma como el de Binoche. Alfred Molina, el amenazante Conde de Reynaud, también tiene el “phisique du rol” específico para ese personaje anticuado que no admite sus propios fracasos y dirige toda su furia hacia la joven madre soltera. Algo lo hará cambiar pero, para eso, sobrevendrá el drama.

Bien puede afirmarse que es un film encantador, una comedia “tentadora”, que obliga al espectador a aguantarse las ganas de probar un pedazo de chocolate, sea el que le conviene según la protagonista, como cualquier otro. En este sentido, uno de los objetivos de la película están logrados. Luego hay una sucesión de nudos dramáticos que provocan la tensión necesaria como para que “Chocolate” no sea un simple pasatiempo: es una comedia exquisita que nos regala un conocimiento extra sobre este fruto americano, nos despierta el deseo de probarlo, y nos lleva de la mano hacia la libertad de los sentimientos, cumpliendo con todos los requisitos del buen cine. Pero recuerde: no está Eva, no está la manzana del pecado. Está Juliette-Vianne y sus chocolates irresistibles... Usted elige.

Elsa Bragato

 

 
 

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