Título:
BAILARINA EN LA OSCURIDAD
Título
original:
Dancer in the dark
Dirección y guión: Lars
Von Trier
Música: Björk
Coreografía: Vincent
Paterson (“Evita”)
Fotografía: Robby Müller
Productor: Vibeke Windelov
Cámara: Lars Von Trier
Distribution
Company
Elenco:
Björk, Catherine Deneuve (“Los paragüas de Cherburgo”), David
Morse, Peter Stormare y Joel Grey, entre otros.
INQUIETANTE Y CONTUNDENTE MELODRAMA
La historia de Selma es la de una
inmigrante checoeslovaca en los Estados Unidos. Allí vive en un
“trailer” que le alquila a una pareja amiga. El es policía y ella,
un ama de casa a la que le gusta darse todos los gustos. Selma trabaja
en una fábrica y su mejor amiga, Kathy, la ayuda y la protege. Selma es
madre soltera y todos sus ahorros, producto de su trabajo, son para
operar a su hijo de 13 años que heredará su propensión a la ceguera.
De a poco la joven mujer va perdiendo la vista. El policía amigo se
entera de que Selma guarda dinero, se da cuenta de que está casi ciega
y se aprovecha de esta circunstancia para robárselo. Esto desencadena
el drama. Y Selma ya no podrá escapar a su fatal destino si quiere que
su hijo pueda llegar a la operación y superar así la enfermedad que es
congénita.
A esta síntesis argumental, la
sobrevuela todo el tiempo el mundo de la música. Selma es amante de los
musicales de Hollywood. Y está por debutar en la versión amateur de
“Sonrisas y lágrimas”, a cuyos ensayos la lleva Kathy, mientras la
espera su amigo Jeff. Para Selma, cualquier ruido hecho con las manos,
los pies, algo que se cae, se transforma en un disparador de melodías.
Su ceguera y su escapismo constante hacia canciones y bailes, con los
que sueña cada vez que la realidad la golpea, le traerán los
sinsabores más crueles.
Varios musicales irrumpen en la
pantalla con melodías y coreografías atrapantes. En la fábrica, en el
puente, en el patíbulo... Las situaciones límites tienen, en la mente
de Selma, danza y canto. Y el espectador se ve conmovido por estas
escenas impensadas dado el contraste entre el mundo real de la
protagonista, su repentina marginalidad, y su mundo interior, tan rico e
insospechado.
Tomando parte del “Dogma 95”, el
director Lars Von Trier (“Contra Viento y Marea”) utiliza por
momentos la cámara al hombro, inquieta, con primeros planos que van
agilizando el desarrollo de la historia: los hechos se suceden sin
dilaciones, la confesión del policía, el secreto de Selma, sus sueños
musicales (filmados con 100 cámaras fijas), la ceguera, el robo, el
asesinato, el tribunal, los 107 pasos hacia el patíbulo... Intensa,
dramática, “Bailarina en la oscuridad” cautiva desde el dolor,
desde la opresión, desde el contraste, desde esa repentina ausencia de
lógica entre una realidad sin retorno y la proyección musical que
desencadena inmediatamente en Selma.
El sufrimiento de la heroína será el
del espectador. La penúltima canción, ésa que amaba tanto Selma
porque “en los musicales no pasa nada malo y hay que irse antes de que
terminen”, será a su vez la última. Sin duda, la música cumple aquí
con uno de sus objetivos fundamentales: embellecer la vida, derribar
discriminaciones y fronteras. Y ser el único pasaporte hacia el Más
Allá y no hacia la muerte, subtexto constante de Lars Von Trier en este
film, donde reluce un romanticismo más cercano al Charles Chaplin de
“Tiempos modernos” que al “West Side Story” de los 60 del siglo
XX, dentro de un surrealismo escenográfico, talentoso y, por momentos,
fascinante. Para agendar.
Elsa
Bragato
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