Título: Antigua
vida mía
Origen: España
2000
Héctor Olivera
Elenco:
Cecilia Roth, Ana Belén, Juan Leyrado, Jorge Marrale, Alfredo Casero...
¿Será
porque las principales protagonistas son dos mujeres, que en este filme
abundan los parlamentos? Sin duda la frase podría ser catalogada como
prejuiciosa pero eso no invalida el hecho de que en la película de
Olivera, sobre la novela de Marcela Serrano, se dicen un montón de
cosas que bien podrían mostrarse en imágenes. ¿Será por la famosa
practicidad femenina que el filme tiene escenas tan funcionales que se
convierten en inverosímiles? También suena a prejuicio lo de la
mentada practicidad y además, pequeño gran detalle, el hacedor de las
imágenes es Héctor Olivera, que es varón; pero eso no invalida el
hecho de que ya en la primera escena de Antigua vida mía, una mujer (A.
Belén), que en teoría es una famosa cantante, ingresa a la escena de
un crimen sin ser advertida, en el mismísimo momento en que la policía
se lleva a la presunta culpable (C. Roth) en medio de una maraña de
periodistas y agentes controlando; y curiosamente, cuando un policía
finalmente repara en la famosa, esta salva la situación con un autógrafo.
Ni en el cine todo sale tan a pedir de boca.
También
es práctica en exceso la aparición de un revolver en el cajón de la cómoda
de un dormitorio, con la misma naturalidad con que uno encontraría un
par de medias o una caja de preservativos. Más teniendo en cuenta que
estamos en un ambiente de cantantes, arquitectos y escritores; no de
matones. Esta practicidad, que utiliza desmesuradamente las elipsis o da
demasiado por hecho o entendido, atenta contra el filme de Olivera, pero hay más.
Los
personajes de esta película sobrellevan una regularidad que sin duda
abrumará a los espectadores. Todos son espíritus conflictuados, todos
son hipócritas y esconden su interior hasta de sus más íntimos; además
de ser bastante detestables sus carácteres, los personajes tienen pocas
cuotas de humanidad. Alcohólicos unos, adúlteros otros, egoístas a
ultranza otros. No se redime ninguno. Si los seres humanos somos tan
malos, tal vez no merezcamos ni una película.
Gustavo
Camps
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