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REPORTAJE A LA GUIONISTA MEXICANA PAZ ALICIA GARCIADIEGO


Paz Alicia Garcidiego

“La crisis es del cine más que del guión”

En los últimos doce meses estuvo dos veces en la Argentina. Primero para promocionar El coronel no tiene quien le escriba, el reciente filme de su marido Arturo Ripstein,  y luego para ser jurado del BA II Festival Internacional de Cine Independiente. Paz Alicia Garcíadiego tiene cosas para decir sobre el cine de su tiempo. Al escucharla, rápidamente se destacan dos cualidades: su franqueza, su pasión por el séptimo arte.

Últimamente se habla mucho de cierta falta de creatividad para escribir guiones que afecta al cine. Se dice que el guión está en crisis ¿Cuál es su visión de esta afirmación?

Por un lado el cine se está convirtiendo crecientemente en algo hecho desde grandes multinacionales, planeado y pensado por contadores y administradores de empresa. Y luego, las concesiones que tenemos que hacer los países que no somos Hollywood (parafrasea un capítulo del BA II Festival) cuando la coproducción obliga a sujetar la historia, en muchos casos, en función de un actor de tal o cual nacionalidad. Entonces sí, muchas veces hay un empobrecimiento de las historias. La crisis es del cine más que del guión. Echan la culpa al guión porque es lo que más se nota. En realidad cada vez se hace peor cine.

El cine mexicano y el argentino tuvieron una época que se caracterizó por la inverosimilitud de los diálogos que proponían los guiones ¿Por qué se dio...

Era el cine en blanco y negro. Porque el cine en blanco y negro no es realista. Los diálogos de Hollywood, de Humphrey Bogart, eran diálogos dichos de golpe y porrazo, a una velocidad fantástica, diálogos perfectos y precisos. En el cine de hoy serían espantosos. En el momento en que el color llega, el cine se vuelve realista y el lenguaje, por lo tanto, coloquial. Entonces caemos en un cine, el ejemplo en los EEUU es Woody Allen, donde el personaje tartamudea o el caso del cine latinoamericano nuevo donde una película colombiana que vi el otro día tenía, afortunadamente, tenía subtítulos en español neutro.

¿No hubo otras razones, tal vez ideológicas, económicas o de otra índole? 

Ese diálogo en español castizo de las películas en blanco y negro tenía la intención de llegar al mundo hispano parlante. Eramos (se refiere a México) la segunda o tercera potencia industrial cinematográfica, era una anomalía por la guerra pero la veíamos como que iba a ser para siempre. Esa anomalía permitió que el cine mexicano tuviera una proyección a toda América Latina. Para llegar a esos mercados teníamos que encontrar un idioma que todos entendieran (piensa largamente).

...

Las casas de la clase media mexicana que presentaba el cine también eran una farsa. Las putas de aquel cine también. Atendían a  necesidades distintas. El cine de entonces creaba mitología, el de hoy recrea realidades o eso pretende.

¿No cree que se subestima el trabajo del guionista? Por ejemplo, el cine de Arturo Ripstein es considerado cine de autor pero lo cierto es que Ud. es la que le escribe los guiones.

El cine de autor nace cuando director y guionista se vuelven la misma persona. Ripstein y yo somos la misma persona (risas). Las películas son de Ripstein porque el resultado final es la película. El que pone la impronta final es él, el director. Un guión mío en manos de otro director podría ser irreconocible. Igual que un bailarín clásico baila distinto el samba que una brasileña. La idea es la mía pero la voz, el bolígrafo, es el de él. El cine no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta.

¿Esto no deja al guionista un poco relegado?

En el cine el guionista es el alma pero no el autor. El guionista es el nutriente, las ideas, el Palas Atenea (diosa griega de la sabiduría, las artes, la ciencia y la industria). Finalmente, el guión es un instrumento para hacer la película.

Hace años en Cannes, el director Paul Auster dijo “los críticos de cine se imitan a si mismos, buscan descifrar el mensaje del director y exhibir la propia perfección” ¿Qué piensa Ud. de los críticos?

Los críticos son importantes para los espectadores de cine. A lo mejor hay una idea torcida del crítico como una especie de auditor que le dice al director como deben ser las cosas. La idea, en realidad, es que el crítico le diga al espectador que debe ver y como debe ver.

¿Y la crítica?

La crítica que es mala me derrama la bilis: soy mala perdedora de poker (risas) y me choca no ya el crítico sino el amigo que te dice: te doy mi sincera opinión. Pero creo que la crítica buena a la larga hace más daño porque nos obliga; hay el peligro de que nos obligue a seguir una ruta. Ahora bien, al hablar con críticos sobre las películas uno descubre símbolos que no fueron premeditados o para ser más precisos:  que no fueron constantes.

¿Coincide con Francois Truffaut cuando dijo: “en Hollywood todos tienen su oficio más hablar de cine?

No sólo por los críticos. Vas a una cena y el dentista que tienes al lado se larga  a hablar de tus películas y mal. Yo nunca le diría: “Ud. Fue el que le arruinó la dentadura a mi abuelita” (carcajadas), sería una grosería, sin embargo, está perfectamente aceptado que el dentista me diga que odió mi película y que le pareció estúpida, violenta, lo que sea...

¿Por qué pasa esto con el cine y no con la pintura, la música, en fin, con otras artes?

Es que el cine es el único arte verdaderamente popular. Entonces, detrás de cada caja de palomitas de maíz hay un crítico en potencia. Pero eso no los hace válidos.

¿Cuál es el lugar del gusto en el cine?

Yo creo que en el cine el gusto es lo único que prevalece. El gusto de los críticos, el gusto mío, el gusto del espectador. El gusto es una cosa no formada, no tiene patrones, es terrible. También está la estética, como disciplina  o rama de la filosofía. Hay una disociación grande entre la estética y el gusto.
El gusto es totalmente subjetivo. Por eso la opinión de un crítico es válida en el mundo de los cinéfilos. Uno tiene su crítico favorito; no el que dice la verdad sino el que piensa como yo.

Cuando estuvo en la Argentina promocionando El coronel... en la conferencia de prensa dijo que Ud. y Ripstein se sentían sórdidos, con gustos sórdidos ¿Cuál era el sentido de esa afirmación?

Más que sentirnos nosotros, somos acusados o tildados de sórdidos. Sí tenemos gustos muy morbosos. Y esta es una especie de afección natural. Como el que nace con el gusto por el chocolate o por el queso. Hace un rato (el reportaje fue una tarde de Abril en el BA II Festival) le contaba a un amigo la historia de una prostituta, una puta que no tenía piernas y decía que su enorme éxito provenía de que era más fácil de acomodar. A mí me pareció una historia fascinante y a él deprimente.

Hay como una perspectiva original que es propia de Uds....

Probablemente en la sordidez yo descubro – yo, no quiere decir que sea universal – la entrada en la piel. Las otras cosas me aburren... (se corrige)... no me estimulan.
La ruptura de la lógica y de la normalidad que la sordidez me permite, me estimula la imaginación.

Hablemos del cine de su país ¿Qué prevalece hoy de la generación de directores mexicanos de la década del sesenta? ¿De Jaime Humberto Hermosillo, Paul Leduc, Felipe Cazals?¿Qué se conserva de Ismael Rodríguez, de Fernando de Fuentes, incluso de la etapa de Buñuel, de Chano Urueta? ¿Del indio (Emilio) Fernández?

De Chano Urueta, del cine clásico, de la época de oro (1940) prácticamente nada. (Piensa).
Uno ve sus películas con seriedad, vamos, y descubre que la mayoría son malas salvo el caso del indio Fernández que tiene una cosa tan absolutamente espontánea, es conmovedor

¿Es como Leonardo Favio aquí en la argentina, que sin formación cinematográfica capta cosas que otros no captan?

Paz Alicia Garcidiego

Claro,  imaginaba cosas. El indio Fernández hablaba del México que todos creímos, en algún momento, que iba a existir. Un México que existió nada más en la mente del indio Fernández.

¿Un cine folklórico, anecdótico?

Es un cine utó...(no llega a decir utópico, se corrige)...digo, es un cine que habla del yo colectivo, del México que probablemente extraviamos en el camino y nunca llegó a existir. Afortunadamente de eso no queda nada en el cine. Me conmueven una serie de imágenes del Indio Fernández. El es imagen.

Son imágenes que  la conmueven pero pareciera que no la convencen

Yo no quiero reinventar junto con él  ese país porque si allí había una utopía ingenua, en mi época ese país hace mucho que se murió.

Para la última volvamos a la Argentina: ¿Qué nos puede decir de los filmes en competencia que vio en el BA II Festival? (al momento de la entrevista le faltaban ver tres de los dieciséis que conformaron la sección competitiva de largometrajes)

Teniendo en cuenta que son primeras y segundas películas me llaman muchísimo la atención tres elementos: primero el énfasis en lo formal, en la forma,  que tienen muchas películas; luego, casi todas las películas tocan el tema del padre autoritario y un hijo que no está a la altura del padre; por último, el rompimiento.

 Todavía son jóvenes y están rompiendo con la figura del padre: Si sigue así, creo no estar equivocada, los próximos festivales también tendrán padres autoritarios, hijos que no están, fracasan o no cumplen con los deseos del padre.

Raúl Valls

Gustavo Camps

 

 
 

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