Un
hombre aparece muerto en el baño de su casa isleña. En la primera
secuencia los espectadores vimos como el asesino hizo el trabajo
escudado por las sombras de la noche. La víctima era el dueño de un
diario. Un policía cínico (Luis Luque)
y una periodista (Malena Solda) intentarán develar el misterioso
crimen.
Lo
primero que incomoda del filme de Beda Docampo Feijoo es la manera en
que el director pone a funcionar los mecanismos del thriller. Sigue las
instrucciones de un manual, vaciadas de sustancia y de espíritu.
Tanto es así que muchas escenas están cortadas antes de tiempo
y pierden el clima de suspenso que caracteriza al género (la incursión
de la periodista en la casa de su ex, Esteban), o están tan
sobreactuadas que antes que emoción o sorpresa despiertan incredulidad
(cuando no hilaridad).
Si a
esto le sumamos la solemnidad y las declamaciones de los diálogos el
resultado es pobre, verdaderamente pobre. Por ejemplo, el personaje de
Luis Luque es una mala copia del Kojak de la serie de televisión. Sus
tics sobreactuados hacen parecer al personaje más una sátira que una
construcción realista.
Es
una lástima, sobretodo porque al elenco no le faltan nombres de buenos
y buenísimos actores y actrices.
Gustavo
Camps
|