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OJOS BIEN CERRADOS - EYES WIDE SHUT


Eyes wide shut
Dirección: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick y Frederic Raphael
Montaje: Nigel Galt
Elenco: Tom Cruise, Nicole Kidman, Sydney Pollack, Marie Richarson


El filme póstumo de Stanley Kubrick no es el mejor de su carrera, pero sin duda contiene pinceladas de esa genialidad que dio un lugar en la historia del cine, a este director cuyo primer largometraje, Fear and desire, data de 1953.

En Ojos bien cerrados Kubrick indaga sobre las fantasías sexuales de una pareja joven, pero con varios años de matrimonio.

La historia está inspirada en la novela Traumnovelle, del escritor Arthur Schnitzler, que transcurre en la Viena de principios de siglo, no obstante, Kubrick lo sitúa en el Nueva York contemporáneo.

"No me gusta hacer películas situadas en el pasado - le dijo el director norteamericano al diario barcelonés, La Vanguardia, el año pasado - prefiero actualizar el presente y, sobre todo, proyectarme hacia el futuro".

Justamente, la ambientación es una de las curiosidades del filme pues, como se sabe, Kubrick odiaba volar, por lo que solamente filmaba en el lugar de su morada, es decir, Inglaterra, en las afueras de Londres para ser precisos.

El filme es narrativo, pone énfasis en la atmósfera, y se destacan los colores fuertes y las tonalidades rojizas.

La acción se desencadena después de una noche de fiesta en la que la pareja - Dr William Harford y Alice (T. Cruise y N. Kidman) - la pasa cada uno por su lado: ella cortejada (sin éxito) por un galán, William - en su calidad de médico - debe sacar de un aprieto al anfitrión (S. Pollack), que guarda en su alcoba a una joven (no precisamente la anfitriona) a la que la hierba le pegó mal.

Justamente con la ayuda de la hierba, en un diálogo de alcoba Alice le confesará a William que en un viaje (ese en el que ambos fueron tan felices) tuvo fantasías sexuales con otro viajero, un marino, y que si bien no se presentó la oportunidad, lo hubiera dejado todo por seguirlo. La campanilla del teléfono que rompe la tensión en este diálogo nos recuerda que hay un director que moldea las escenas, no es el azar.

Otro día Alice le contará un sueño, con lujo de detalles y en blanco y negro, donde hace el amor con el marino.

Perplejo por las confesiones, William buscará levantar su autoestima con alguna prostituta pero terminará en un lugar donde disfraces mediante, se consume sexo en gran escala. Es de destacar la atmósfera que Kubrick imprime de este lugar.

En este punto el filme entra en una letanía, que servirá luego para preguntarse si eran necesarios alrededor de 155 minutos de duración, o menos hubiera sido suficiente.

Pero llegará el final a cargo de Nicole Kidman, y este si, es de una síntesis y encierra una verdad extraordinarias.

Gustavo Camps

 

 
 

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