Los
seres humanos tenemos nuestros defectitos: egoístas hasta la exasperación,
sectarios, violentos, homofóbicos, cobardes. Pero también es posible
la solidaridad y en última
instancia la comprensión. Estos son los temas que aborda el nuevo film
de Joel Schumacher, alejado esta vez de las escenas violentamente
descarnadas de Un día de furia, por citar alguno de sus filmes
anteriores, aunque también intenta aproximarse a temas sociales: un
mundo en el que cualquiera puede ser la próxima víctima, donde nuestro
vecino es casi un desconocido, donde el dinero rige las relaciones
humanas, y por sobre todas las cosas, un universo donde la comunicación
con el semejante parece una utopía.
Abordar
esta temática en una comedia dramática no es tarea sencilla y
Schumacher lo consigue a medias, en gran medida por algunos desaciertos
del guión que al pasar por géneros tan diversos como el thriller, el
drama y la comedia alocada no logra una adecuada síntesis de la trama,
que se dispara hacia distintos lugares sin hacer foco en ninguno con la
profundidad necesaria, por otro lado la oscuridad de ciertas escenas y
una fotografía algo sucia empañan la visión de la película.
Sin
embargo si en algo logra descollar Schumacher es en la dirección de sus
actores: si bien De Niro no sorprende con su papel de policía
discapacitado, incapaz de pedir ayuda, muestra la solvencia a la que ya
nos tiene acostumbrados.
Mención
aparte para el que es el gran actor de los últimos años-Philip Seymour
Hoffmann- un camaleón cuyas criaturas logran conmover ya se trate del
enfermero de Magnolia, el vecino pervertido de Felicidad o el amigo
cretino de El talentoso señor Ripley.
Aquí
entrega un retrato creíble y
sin artificios, justamente por estos días en lo que se están
estrenando productos que ridiculizan a la homosexualidad, la creación
de Philip Seymour Hoffmann aparece resplandeciente de sutileza y de
humanidad y se convierte en un verdadero robaplanos. Probablemente al
conocido axioma hollywoodense “No trabajes ni con chicos ni con perros”
habría que agregarle un párrafo que incluyera a este magnífico actor.
Nadie
es perfecto es un filme distinto, que si bien naufraga en el relato de
los hechos, entrega magníficas actuaciones y una visión de la realidad
perturbadora pero amplia y comprensiva, en tiempos de tanta intolerancia,
no es poca cosa.
Marcela
Barriopedro
Todos
estamos solos
Con
el punto de partida en la indiferencia que se respira en las grandes
ciudades, el director construye una narración
donde lo primordial pasa por lo políticamente correcto.
La necesidad de aceptar al otro tal cual es, con sus diferencias,
virtudes, y defectos.
Walt
(Robert DeNiro) es un ex-policía, retirado con honores, con ciertos
rasgos fascistas y por supuesto homofóbico.

Excepcional
actuación de Seymour Hoffman
Un
accidente cerebral lo deja con parálisis parcial, hemipléjico. El
tratamiento comienza a dar resultados, pero para volver a hablar con
corrección deberá tomar clases de canto. Su vecino, Rusty (Philip
Seymour Hoffman) es un travesti y profesor de canto.
Uno
dependerá del otro, tanto para volver a tener control de su boca y el
otro el dinero necesario para vivir. Esta historia se ve cruzada por
otra que se encuadra en el genero policial, en donde unos mafiosos son
asaltados por amigos de Rusty. Situación que pone en peligro su
integridad física.
Con un muy buen trabajo de Robert DeNiro y una excepcional actuación de
Seymour Hoffman el filme va desarrollándose en forma previsible,
cayendo por momentos en lugares comunes de la filmografía americana.
Lic.
Héctor Hochman
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