El
plano con el logo de la empresa de servicios de Internet es uno de los
aciertos de esta puesta, lo
mismo que el de la tarjeta de crédito sobre la mesa de un restaurante
para gente como uno.
Es
evidente que el director domina su oficio, pues la etiqueta del vino en
la misma mesa del mismo restaurante, en tanto no es una de las marcas
auspiciantes, está correctamente tapada.
Un párrafo
aparte merece la panorámica del camino que recorre una zona
montañosa de España; la marca, en la puerta trasera de la
cuatro por cuatro que va por la ruta, se ve a la perfección.
Molesta
si, cierta anécdota sobre un padre y su hijo que van de vacaciones, más
propia del cine que de este tipo de producciones. En el futuro no estaría
de más podar el argumento de estos recursos narrativos que sólo
distraen la mente del consumidor.
Gustavo
Camps
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