Pude ver este filme recién el día del
estreno en la Argentina - así que llegué a la sala con muchas referencias de
críticos y colegas que ya lo habían visto en funciones privadas. Todas fueron
positivas.
Raúl Valls, de radio Municipal, por ejemplo, me dijo: "en lo que va del año vi más
de cien películas, Madre e hijo es la segunda que me parece excelente". Quintín
director de El amante cine, tal vez la revista de crítica más severa del país
lo calificó como "El film, de una belleza deslumbrante".
Madre e hijo es una
historia de amor. El
hijo (A. Ananishnov ) acompaña los últimos momentos de su madre (G. Geyer)
enferma.
Viven aislados en un paraje solitario, desolado, en medio del campo. El la lleva de paseo
en sus brazos ella ni camina, tan débil que está por un sendero hacia
ningún lado, la peina, recuerdan tiempos idos.
Muchos de los planos del filme Valls
contabilizó 59 en total - pueden ser asimilados a obras pictóricas. En 73 minutos que
dura la película, Sokurov es capaz de ofrecer tanta emoción y una mirada tan sensible
con la cámara, que cuesta creer que en un reportaje haya expresado: "yo no quiero
desarrollar (el lenguaje del filme) yo quiero empezar a aprender algo (...) Tenemos que
empezar aprendiendo".
Un largo plano secuencia muestra a la madre
recostada en un banco a la izquierda del encuadre y todo lo demás es el campo, el viento
moviendo hojas y plantas, el tiempo (aunque el propio Sokurov ha dicho que es el espacio
lo que le interesa). Cuando vi este plano, envuelto en una inexplicable emoción, me
preguntaba que más estaba percibiendo, sabía que había algo y no podía expresarlo. No
era la acción.
Más adelante, la madre recuerda cierto
olor a almendras en el campo y me di cuenta de que tal vez fuese esto lo que percibí en
el plano secuencia.
Algunas imágenes aparecen distorcionadas
(como en la foto) y el color nunca llega a ser intenso. Sokurov ha expresado que Madre e
Hijo es su primera película en color, aunque se sabe que no es exactamente
así.
Con relación a esto, el director explicó
al periodista Volker Heise: "Esta ha sido la primera en la cual he prestado especial
atención al proceso del color, de la misma manera que al espacio. Yo no quería un
espacio tridimensional pero tampoco uno plano, una imagen. Finalmente quise ser honesto y
decir: el arte del filme es una mentira si mantiene aquello que puede producir un espacio
tridimensional o espacial. Un espacio tridimensional en la pantalla, es simplemente
inalcanzable".
Gustavo Camps
Como
el silencio de un hotel en el norte de Suecia
En
Madre e Hijo Alexander Sokurov filma en 73 minutos (en
promedio, 1,23´ por plano) la relación profunda de
solidaridad-afecto entre una madre, cuya vida va
paulatinamente hacia el final, y su hijo que le brinda
protección.
Inspirándose
en la estética del pintor Gaspar David Friedrich, Sokurov
utiliza en este film objetivos anamórficos o hipergonar y
pinta los lentes en los bordes como Claude Antont-Lara en el
corto Construiré un feu (1927).
Estos
lentes comprimen al filmar y descomprimen al exhibir. Henri
Koster los empleó por primera vez en el largometraje La túnica
sagrada (The Robe) (1953).
El
realizador obtiene una película impecable y de una belleza
inusitada, que consta de 59 planos-pintura (verdaderos
encuadres de composición y/o estructuras plásticas estables).
La
fotografía de los campos de trigo, bosques y escenas en
interiores es de una austeridad ejemplar (las habitaciones
tienen un equilibrio fílmico que recuerdan pinturas de
Rembrandt, es decir, con fuentes de luz justificadas).
Lejos
del montaje tradicional - que entre otros codificó David W.
Griffith, a partir de Dickens - Sokurov emplea los planos
secuencia (planos sintéticos, ideas o largos) para fusionar a
sus personajes de forrma perfectamente integrada con el
entorno, obteniendo una respiración mancomunada.
El
filme posee un ritmo interno único. Una unidad anímica y melódica
superior; narrativa y estéticamente lindante con Tarkovsky, y
cercana a Bergman en sus disquisiciones en torno a Dios.
Sokurov
captura un enigmático devenir de la existencia, casi como los
lirios que se quiebran en el valle, la imagen de un león que
se caza con arcos, como el silencio de un hotel, en el norte
de Suecia.
Raúl
Valls
AM
1110 Radio Municipal
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