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LA TORMENTA PERFECTA


La tormenta perfectaThe perfect storm
1999,
Color, 130´, EEUU
Dirección: Wolfgang Petersen
Guión: Bill Wittliff, Bo Goldman s/ el libro de Sebastian Junger
Montaje: Richard Francis-Bruce, ACE
Música: James Horner
Fotografía: John Seale, ACS, ASC
Escenografía: William Sandell
Supervisor de efectos especiales: John Fracsier

Elenco: George Clooney, Mary Elizabeth Mastrantonio, Mark Wahlberg, Diane Lane, William Fichtner, Karen Alle, Allen Payne, Bob Gunton, John C. Reilly


UN FILME IMPERFECTO

Glaucester-Massachusetts, en Boston,  un enorme puerto de pescadores situado en el Atlántico norte, sirve como punto de partida para la reivindicación de Billy Tyne (George Clooney).

Tyne  es el experimentado capitán del pesquero Andrea Gail, especializado en capturar peces espada.

Ultimamente no obtiene resultados satisfactorios y entra en competencia con su colega Linda Greenlaw (M.E.Mastrantonio) quien lo supera cómodamente.

Basado sobre un libro de S. Junger, el filme se sustenta en la remanida afirmación “hechos reales”, más para encubrir la inexactitud que para justificar la reconstrucción de ciertos hechos. Al respecto preferimos el concepto de la guionista mexicana Paz Alicia Gracias Diego: “En el cine importa más el cómo que el qué”.

En cuanto al guión, diremos que esta escindido en dos.  

El primero, inexistente en rigor, implica considerar que los efectos especiales y la tecnolatría (idolatría de los tecnócratas del cine) a lo digital pueden, por si solos, sostener una historia. El maestro francés Robert Bresson supo afirmar con buen tino: “vi filmes en los que todos corren y son lentos; y otros en los que nada se mueve y son rápidos”. Los efectos digitales que le dan velocidad a la acción son insuficientes para modificar la lentitud interior. Sólo los nudos que se enlazan y desenlazan en el interior de los personajes dan al filme su verdadero movimiento.

El segundo, deficiente, se vale de reacciones gestuales estereotipadas y exteriores de los actores, sin generar evolución en el interior de estos.

En otro orden de cosas, recuerdo por lo menos dos escenas absurdas por lo inverosímiles. En una, un oficial de la marina se arroja al océano embravecido desde un helicóptero y en medio del caos le dice a las víctimas que pretende salvar: “buenas tardes, soy el encargado de vuestro rescate”. En otra, el meteorólogo de turno contempla en gráficos la evolución del terrible fenómeno climático, tal vez único en el siglo; en lugar de preocuparse, mira con rostro de perverso enceguecido sin registrar el peligro de vidas y bienes.

Wolfgang Petersen, que en su país natal supo dar muestras de ciertos dignos intereses personales por el cine (El barco, Enemigo mío), en Hollywood ingresará al libro Guinness con su record de lugares comunes y cliches. Si con Epidemia comenzó su adocenamiento (La línea de fuego tuvo algunos méritos), Avión presidencial, y ahora Una tormenta perfecta ratifican su vulgarización.

Verdaderamente, este tipo de realizadores elogiados por “lo bien que filman” no comprenden que los alardes técnicos no justifican minutos y minutos (130 para la Tormenta) repletos de tedio que confirman que el resultado final es concretar un filme imperfecto.

Raúl Valls


LO QUE EL VIENTO SE LLEVO

El filme comienza con la leyenda "basada en hechos reales". Lo único real – en rigor - son los nombres de los personajes que se cuenta en la historia y la tormenta, que ocurrió en octubre de 1991.

La gacetilla de prensa comienza con un pedido muy especial a la critica especializada: no revele el final del filme. Y está bien,  pues el final es uno de los grandes defectos de la película. Sólo, y aceptando el pedido,  bastaría con decir que se hace muy confuso saber quien es el narrador de la historia.

El Director se toma casi una hora para describir a los personajes y durante la hora restante se aboca a la tormenta propiamente dicha, donde un barco pesquero y sus seis tripulantes son atrapados por tres frentes de tormentas, lo que se denomina en la jerga una tormenta perfecta. 

 La tormenta perfecta
El barco a la deriva por la tormenta, en el set

El director no tiene de donde aferrarse demasiado para mantener la atención de los espectadores. Si bien las escenas de la tormenta son realmente un prodigio de virtud, eso sólo no hace al cine. Como así tampoco el recurrir constantemente a presentar personajes externos a la historia principal, y sus conflictos personales o de situación, que no sólamente no contribuyen, sino que además alargan demasiado la película. Una lastima,  después de La Aventura del Poseidón nada nuevo bajo el sol.

Lic. Héctor Hochman

 

 
 

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