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LA PLAYA


Pelicula La playa
1999, Color, EEUU
Dirección: Danny Boyle
Guión: John Hodge sobre el libro The beach, de Alex Garland
Montaje: Masahiro Hirakubo
Música: Angelo Badalamenti
Fotografía: Darius Khondji, ASC, AFC
Diseño de producción: Andrew McAlpine
Vestuario: Rachel Fleming
Elenco: Leonardo DiCaprio, Guillaume Canet, Virginie Ledoyen, Robert Carlyle, Tilda Swinton


Tailandia, la península Indochina,  sigue siendo el infierno para los turistas del primer mundo.

Recuerdo dos filmes de dudoso valor cinematográfico que apoyan esta afirmación: Return to paradise (Por la vida de un amigo ) y Brokedown palace (Inocencia robada).

The beach (La playa) no se aleja de esta media.

La playa cuenta la increíble historia de Richard (Leonardo DiCaprio), un turista que quiere alejarse del ruido histérico que producen los otros veraneantes y recala en una isla poblada en secreto por una comunidad de jóvenes de varios países.

La participación de Leonardo DiCaprio no aporta ni resta al filme. En la taquilla es donde con seguridad la presencia de la estrella hará notar la diferencia.

Por lo demás, Carlyle sigue haciendo su papel de desquiciado, los turistas siguen sufriendo a mares en un lugar que suponían era el paraíso; la novedad es que en este caso no son los lugareños los que se ensañan con los extranjeros: en La playa ellos mismos crearán su propio demonio.

No es para menos, con raros personajes que se supone viven de la pesca y en equilibrio con la naturaleza, pero cuando alguno amenaza ir a la ciudad le piden pilas, diarios y condones.

¿Un guión inverosímil no es así? Sin embargo esa escena del pedido de provisiones es nimia si se la compara con la construcción del personaje de DiCaprio, que de pacífico turista, cansado del consumismo, muta a una especie de guerrillero con delirios de packman. Si, de packman de jueguitos electrónicos.

Hay dos interrogantes que caen de maduros ante el estreno de La playa. ¿Sí DiCaprio se preservó luego de Titanic, que fue lo que lo llevó a elegir este guión para continuar con su carrera? ¿Dónde quedó el Danny Boyle que dirigió Trainspotting?

La playa, me refiero a la locación en la isla Phi Phi Le, es un lugar de ensueño, no obstante, reconozcamos que es un despropósito conocerlo a través de la fotografía de un filme. Debe ser de maravilla pasar allí un verano, pero ese es otro tema.

Gustavo Camps


MAS CONTRA LA PLAYA

Como Terence Stamp y Julie Christie en Lejos del mundanal ruido (J. Slesinger, 1967), un atlético joven (Richard, por Leonardo DiCaprio) escapa de la ciudad en busca de un lugar distinto. Así llega a la exótica capital de Thailandia, Bankok. Allí se topa con Daffy (Robert Carlyle), un individuo estrambótico, drogadicto y suicida que le entrega el mapa de un enigmático sitio: la playa.

Es incomprensible como todavía hoy la industria sigue justificando a galanes como DiCaprio. Pero es imperdonable admirarlo como un carilindo. ¿Dónde ubicamos entonces a Alain Delon, por ejemplo?

La playa es un filme fascista. Aquí no hay intérpretes ni actores, sólo persiste el culto por una personalidad mesiánica: la de DiCaprio; en definitiva, un producto construido por ejecutivos de marketing y el box-office.

Richard encabeza una expedición a la playa porque su amigo Etienne (Guillaume Canet) se acobarda. Una vez en el lugar le arrebatará la novia (Virginie Ledoyen) a Etienne y también seducirá a Sal (Tilda Swinton), la líder de una comunidad que vive en la playa (¡oh, los beneficios del star system!).

Leonardo DiCaprio en la pelicula La Playa
Richard en la comunidad de la playa

En cuanto a la acción, no olvidamos la magnifica lección que da Richard al sugerir que un tiburón se controla tan sólo con un poco de aplomo. Las imágenes nos harán saber más tarde, que dos suecos de la partida no entendieron tal muestra de sabiduría  y lo pagaron con pedazos de su cuerpo, literalmente.

El del tiburón es un ejemplo, porque en rigor toda la película está inundada por un persistente tufillo de superioridad del protagonista.

Digámoslo con todas las letras: La playa es DiCaprio. Los planos del filme de distribuyen 3 a 1 a favor de él y en contra del resto de los protagonistas. El montaje no está al servicio de la narración sino para sostener y realimentar el mito del joven star.

Podría culparse de falsedad ideológica a este largo largometraje por su música edulcorada, el diseño de arte light, el guión para el yo de DiCaprio y la estética turística.

Parece ser que los norteamericanos están cada vez más paranoicos: los villanos ya no son solamente los foráneos, ahora también son los propios conciudadanos.

Pero hay más.

La comunidad de la playa relega al ostracismo a nuestro héroe; quien buscará vengarse utilizando a unos cosechadores de marihuana que andan por allí bien armados, él - que toma sangre de serpiente por pura virilidad - mantendrá sus manos níveas en esta traición.

Sobre el final, un punto de inflexión nos ingresa a Pelotón (la de Oliver Stone); aquí Richard, con rostro de guerrillero feroz, atrapará y comerá un gusano sin inmutarse.

Al director Danny Boyle habría que recordarle una máxima de Luis Delluc (el principal fundador de la escuela expresionista francesa de cine): “Cuando muere un director de cine, se convierte en fotógrafo”.

Raúl Valls


LA PLAYA SOLEADA

Tras una pantalla de exuberante belleza e ingenuidad se esconde un tema añorado por el alma humana.

Sin distinción de nacionalidad, credo o historia,  siempre se ha buscado el retorno al paraíso perdido. 

Se trata del deseo de participar de un modelo de comunidad utópico, en el que la lucha por satisfacer necesidades esta ausente. No resulta sencillo acceder  ni renunciar a él .

Una vez experimentado, lo paradisíaco se convierte en un paradójico tránsito de lo amado a lo odiado y viceversa. Entonces aparece el sentimiento del  “podría haber sido”, que reconstruye nuevamente el mito.

En La Playa el tema no es como llegar, sino como mantenerse feliz en ese paraíso. 

Algunas preguntas de los que ya viven en él son: ¿Ampliamos  el paraíso o lo mantenemos restringido?   ¿Y si optamos por el secreto; cuál es el límite de dolor antes de sucumbir al sentido de pertenencia de la comunidad ideal?.

Leonardo di Caprio
Llegó al paraíso ¿se quedará?

Al menos en este paraíso de La Playa, aunque quizás un poco tarde, la mayoría no está dispuesta a aceptar cualquier medio para lograr el fin.

Se contraponen las más  bellas imágenes de la naturaleza  a lo multitudinario y despreciable de la sociedad de consumo.  ¿Pero de cuánto pudieron desprenderse cuando la emergencia en las decisiones se presentó?.

Los ideales y las miserias del ser humano quedan expuestas en La Playa.

No estamos simplemente frente a un film turístico. Se nos convoca a una reflexión sobre  los  compromisos que asumiríamos en pos del placer.

¿Elegiremos la seguridad de lo virtual o el inseguro contacto con la naturaleza?

Lo asombroso es que una opción contribuye a la existencia de la otra.

Así conviven la virtualidad y la realidad.   

Armando D´Angelo

 

 
 

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