De
lo intentos por darle un formato de comedia a las puestas sobre el
holocausto y el nazismo, La niña de tus ojos, de Fernando Trueba,es el más efectivo de los estrenados en la Argentina en los
últimos dos años.
El
filme llega ahora al circuito comercial pero ya pudo verse el mes pasado
en una muestra de cine europeo en el Village Recoleta.
¿Por
qué la película española resulta la más lograda? Veamos.
La
vida es bella,
de y con Roberto Benigni, ganó tres Oscares pero seguramente hoy ya
nadie se acuerde de este filme efectista y pueril.
El
tren de la vida, de Radu Mihaileanu, dejó
la demagogia de lado pero la pretensión de abarcar mucho (holocausto
judío, socialismo, exterminio de gitanos, amor, poder) recargó
innecesariamente la puesta. No obstante hay que reconocer sus valores
por encima de La vida...de
Benigni (también fue premiada por la crítica y el público en varios
festivales).
Una
señal de esperanza, de Peter Kassovitz, retoma el efectismo y se
transforma en una serie de escenas que dan pie a Robin Williams para
vender la (su) filosofía de autoayuda que ya había empezado a ofrecer
en Patch Adams. En este caso el lugar elegido es un ghetto húngaro. El
guión es tan soso que uno se pregunta para que sirvió realizar este
filme.
La
niña de tus ojos es una historia redonda:
un grupo de comediantes debe viajar a la Alemania nazi para actuar.
Algunos son franquistas y otros no.
Todos
necesitan del espectáculo para vivir y van a actuar para los nazi, pero
eso de ninguna manera importa para dulcificar el conflicto que ello
representa ni crear
situaciones idílicas (R. Benigni).
Hay
momentos emotivos pero no se fuerzan para atrapar la emoción fácil del
público (R. Williams) ni para justificar actuaciones (R. Benigni).
Hacia
el final el ritmo se hace más lento como consecuencia de un giro del
guión tal vez algo rebuscado (la correría con Goebels) pero lo cierto
es que a esta altura la comedia está lograda.
La
eficacia parece estar en no forzar la acción hacia el terreno de la
farza para lograr una risa donde la situación no lo merece. También
resulta saludable no recargar el filme con un guión rebuscado.
Por
último, hay algo en la puesta de Trueba - del orden del placer - que
tal vez es difícil de expresar de manera analítica; podríamos decir:
el talento o la capacidad de dar a entender una situación. Pero esto sólo
se puede experimentar a oscuras, en la sala de proyección.
Gustavo
Camps
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