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Lamerica
1994
Color, 146´
Italia Francia
Dirección: Gianni Amelio
Guión: Gianni Amelio, Andrea Porporati y Alesandro Sermoneta
Montaje: Simona Paggi
Música: Franco Piersanti
Fotografía: Uca Bigazi
Dirección de arte: Giuseppe Gaudino
Sonido: Alessandro Zanon
Elenco: Enrico Loverso, Michele Placido, Carmelo di Mazzarelli, Piro
Milkani, Elida Janushi….
Para
el cine italiano el neorrealismo fue también un fenómeno económico más
que exclusivamente estético. Sin duda alguna tuvo resonancia estética
pero los directores que salieron a buscar recursos (leasé escenarios y
actores) fuera de los
quebrados estudios de la industria italiana de la posguerra, lo hicieron
por necesidad más que por buscar la originalidad de cierto encanto bucólico,
pedestre o de excéntrica naturalidad.
El
resultado se puede leer a fondo en cualquier
historia del cine pero sintetizando podemos decir que aquellos
filmes lograron plasmar en imágenes la humanidad de los seres humanos,
si se me permite la redundancia.
En
Lamerica Gianni Amelio logra esto con creces. El filme es un retrato
afirmativo en medio de la desesperanza, de los perdedores, de las
victimas eternas. Pero es afirmativo. América fue la tierra de
esperanza para muchos europeos que escapaban de las miserias de la
guerra; esta vez los emigrantes son albaneses que quieren llegar a la próspera
Italia contemporánea. El
enemigo sigue siendo el mismo: la miseria.
Una
consigna político universitaria de
cierta izquierda de los años setenta decía: “Nos robaron muchos
amaneceres, no lo permitamos otra vez”.
En esta dirección va también la puesta de Amelio: las imágenes
que muestra conmueven y obligan a preguntarse el porque suceden así las
cosas.
Por
otro lado, diremos que también hay para destacar otros items tales como
la fotografía, la inclusión de imágenes documentales y los paneos
constantes hacia el mundo real.
Lamerica,
por último, también es la historia de un viaje en el cual el viajero -
Gino por Enrico Loverso - no sólo conoce nuevos parajes, sino que
descubre dentro suyo a un nuevo ser al que no había tenido acceso nunca
antes del periplo. Las características de este nuevo ser humanizan al
personaje de Loverso. Por esto también en afirmativa la puesta de
Amelio.
En
una entrevista que el director concedió al diario Corriere della Sera
hace años, Amelio sostiene que existe un cine necesario; “un cine
sincero, sin astucias, capaz de contra consas realmente importantes”.
Ese parecer es absolutamente coherente con su puesta; su cine es para
espectadores sensibles, que sienten, un cine para seres humano, no para
consumidores.
Gustavo
Camps
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