Una
ecuación sentimental une a Dominique y Quentin, tal cual lo
define brillantemente el director, en la nota que se publica aparte. En
ese sentido puede decirse que la historia de Dominique y Quentin es el
relato sobre un amor de fin de siglo, un amor especulativo y calculador.
La
construcción al detalle (minimalista) de los protagonistas, una de las
cualidades del filme de Jacquot, ofrece una radiografía inconfundible
acerca de los valores dominantes (constitutivos) en el
hombre y la mujer de las sociedades actuales (posmodernas).
Dominique
es bella y madura. Su independencia de criterio, su posición laboral y
solvencia económica, su seguridad – todos elementos adicionados sin la sustracción de una gota de feminidad -
son ajenos para
todas las generaciones de mujeres que la precedieron.
Quentin
es joven y apuesto. Su falta de horizontes (“no quiero planes ni
programas” dice en una escena), su culto por el cuerpo, su hedonismo,
su ambigüedad sexual, su anhelo por la institución familiar
(“prefiero que cocines” dirá ante una invitación a cenar), su
pragmatismo a ultranza; son todos
elementos que considerados fuera del universo actual indicarían – por
lo menos – un carácter egoísta y contradictorio.
Por
último, el amor de Dominique y Quentin es ante todo corporal. La mirada
de Dominique recorriendo el cuerpo perfecto y desnudo de Quentin en el
primer encuentro amoroso vale más que mil palabras para explicar esta
unión.
Benoit
Jacquot cuenta esta historia desde la perspectiva de Dominique. Pone la
cámara muy cerca de los protagonistas, no para crear climas agobiantes
ni emociones superfluas, sino para dar cuenta, acabadamente, de las armas que estos
invierten en la seducción y en la manera de exponer sus sentimientos
encontrados y afines.
La
historia de Dominque y Quentin es la historia de una pasión de nuestros
días, por eso el director prescinde del romanticismo.
El
destino de la pareja será una consecuencia de esta forma de amor de fin
de siglo. El cuerpo, como tantas otras cosas, se ha convertido en objeto
de consumo y como tal,
funciona con la lógica efímera de la veleidad y la moda.
Gustavo
Camps
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