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LA CASA EN LA MONTAÑA EMBRUJADA - House on haunted hill


La casa en la montaña embrujada1999, Color, 96´, EEUU
Dirección: William Malone
Guión: Dick Beebe sobre una historia de Robb White
Montaje: Anthony Adler
Diseño de producción: David Klassen
Música: Don Davis
Fotografía: Rick Bota
Efectos Visuales: Robert y Dennis Skotak

Elenco: Geoffrey Rush, Famke Janssen, Taye Diggs, Ali Larter, Chris Kattan, Bridgette Wilson, Peter Gallagher


De un tiempo a esta parte – por obra y gracia de los efectos digitales – el cine de horror se ha transformando en cine de impresión más que de terror. Las películas del género ya no dan miedo, se trata de otra sensación más cercana a la  repulsión que al pavor o la aprensión. Y no solamente por La casa en la montaña embrujada, la puesta de William Malone que se estrena ahora. Esto se ve en varias películas, buenas y no tanto, que apuntan al género: El día final (P. Hyams), La Maldición (Jan De Bont,1999), Scream – por citar recientes estrenos –  pero también en la saga de Pesadilla o en las Hallowen post Carpenter. La lírica Leyenda del Jinete sin cabeza, de Tim Burton, es una excepción, lo mismo que El proyecto Blair Witch).

Por medio de morbosos efectos especiales por computadora la amputación fácil de brazos, cabezas y torsos se transforma en el fin y no en el medio para suscitar sensaciones; se ven cuerpos mutilados o  toda la pantalla roja de sangre o multicolor porque los cuerpos estallan, pero ya no se siente miedo como en las  películas de La momia o Drácula, o La marca de la pantera (J. Tourneur, 1942), o como en La noche de los muertos vivientes (G. Romero, 1968), o como en  El exorcista (W. Friedkin, 1973), o Halloween (J. Carpenter, 1978), por citar algunas.

La casa en la montaña embrujada está realizada bajo la concepción de la impresión antes que el miedo.

No obstante, William Malone no es un director improvisado, otro no hubiera incluido toda la secuencia inicial sobre el médico loco y el Instituto Psiquiátrico Vannacutt. Esa primera secuencia en blanco y negro resulta un homenaje al cine de miedo que fue el que verdaderamente construyó y alimentó a los  cultores de género.

Otro guiño del filme para los acólitos del terror es el personaje Steven Price construido excelentemente por Geoffrey Rush en homenaje a Vincent Price.

Por lo demás, hay una olla convenientemente llena de sangre, unos esposos que se odian demasiado, un  improbable festejo de cumpleaños con invitados desconocidos que el marido le organiza a la mujer, un nexo inverosímil (tanto, que tienen que explicarlo en una escena) entre la casa con vida propia y una notebook lejana que hace invitaciones por su cuenta y muchos, muchos, muchos efectos digitales.

En Blade Runner – un filme que no es de horror pero tiene su lugar en la cinematografía fantástica-  hay una escena en la que un androide programado para morir a corto plazo tiene la posibilidad de matar a su rival humano en una pelea, pero se abstiene;  el propio rival (Harrison Ford) explicará  que al estar a merced del androide sintió que este le perdonaba la vida porque sabiendo que tampoco viviría mucho más valoró la vida como principio, como algo supremo más allá del acto en cuestión.

Con este filme pasa algo similar. Con seguridad, los fieles al género  - incluso los críticos y periodistas que lo siguen – tratarán de rescatar lo irrescatable de este regular filme de William Malone, porque gran parte de lo visto en estos años, gracias a la utilización indiscriminada de efectos digitales, augura el peor de los futuros para el género.

Gustavo Camps


No será un clásico pero divierte y asusta cuando debe

Una misteriosa casa que fuera alguna vez sede de un instituto psiquiátrico para criminales dementes se rebela, adquiere vida propia y en su sed de sangre todos sabemos que cobrará más de una víctima. “La casa de la montaña embrujada”, remake del clásico film de 1958, dirigido por William Castle parte del mismo punto que “La maldición”, la olvidable película de Jan de Bont pero llega mucho más lejos.

La casa en la montaña embrujada
Hay amores que matan

En el camino construye sus personajes con una ironía particular: el matrimonio Price vive permanentemente retándose como caníbales, presos de una relación en la que ambos son alternativamente víctimas y victimarios, estafadores y engañados. Es más, Steve - interpretado por Geoffrey Rush, en un merecido homenaje al otro Price, el maestro Vincent Price- vive precisamente de la ilusión y la mentira, las ama y hace de ellas su vocación.

El resto de los actores están correctos en sus papeles y se corren bastante de esas caras de asustados permanentes a los que nos tiene acostumbrados la saga Scream.

Mención aparte merece la excelente secuencia inicial que sumerge al espectador dentro del mundo pesadillesco del pasado de la institución Vannacut, una verdadera joyita que el fanático de las películas de terror seguramente considerará de colección.

La casa de la montaña embrujada no será un clásico, pero divierte cuando  tiene que divertir y asusta cuando tiene que asustar, cumpliendo con dos viejos axiomas de las películas de este género, lo que no es poco.

Marcela Barriopedro

 

 
 

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