“Yo
tenía desde hace mucho el deseo de mostrar Africa, un universo poderoso
que nunca había sido mostrado en un largometraje de animación. El rey
León utilizó decorados africanos pero no el Africa ni los africanos”
expresó el director Michel Ocelot sobre los motivos que lo
llevaron a filmar Kiricou y la hechicera.
Lo dice
con razón. Sus personajes son efectivamente africanos, lo mismo que los
escenarios senegaleses y los ritmos de Youssou N´Dour, un músico que a
pesar de haber acompañado a Sting o Peter Gabriel, no acostumbra a
salir de Dakar, la capital del estado de Africa occidental donde vive.
Medido
con la bara de los animé orientales el dibujo de Ocelot puede resultar
algo lento, pero los colores, el lugar, los instrumentos musicales exóticos
que se escuchan y la construcción de la trama sobre la base de
aventuras en un continente colorido e idílico valen la pena ser vistos
para ampliar el pobre universo que ofrece actualmente la televisión.
Comparadas
con las proezas de los superhéroes de Dragon Ball o los entrenadores de
Pokemon las hazañas de Kiricou son algo naife pero allí justamente
reside la originalidad de este personaje. “Kiricou no es grande, pero
es valiente. Kiricou es pequeño pero puede mucho”, como dice su
canción.
El
diminuto personaje de Ocelot debe usar su inteligencia, es tan pequeño
que su fuerza no cuenta. No tiene poderes ni armas, en rigor ni ropa, va
desnudo como todos los chicos de su edad en las tribus africanas
tradicionales.
Entre
los enemigos del pequeño están la hechicera Karaba, esbelta y llena de
joyas, y los fetiches,
especie de autómatas inspirados en estatuillas de arte negro africano.
Pero Karaba no es mala por naturaleza. Puede cambiar. Esto también es
una vuelta interesante de la trama.
A
diferencia de los animé – que destacan valores como la competencia,
el poder y la fuerza - en el mundo de Kiricou tienen valor el trabajo grupal,
la armonía de los cuerpos, la astucia, el perdón y el amor maternal o
de pareja.
En síntesis,
Kirocou es pequeño, pero las cualidades para verlo son muchas más que
las que pueden justificar ver personajes más poderosos.
Gustavo
Camps
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