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A
propósito de Buñuel
“Buñuel
intentó hacer películas para la mayoría, no prestigiaba lo
minoritario”
Reportaje
a Javier Rioyo, codirector del documental A propósito de Buñuel

El
largometraje realizado por Javier Rioyo y José Luis López Linares
tiene el objetivo de acercar al gran público la obra, pero también, un
perfil del original creador. Con la mira puesta en este horizonte
utilizará imágenes de archivo, documentos inéditos, cartas,
grabaciones y extractos de su filmografía.
Javier
Rioyo es periodista y guionista de radio, televisión y teatro. También
dirige documentales. La productora que comparte y conduce
con José Luis López Linares se llama Cero en Conducta.
¿Cómo
nace en Uds. la idea de este documental sobre Buñuel?
Desde
que tenemos uso de razón cinematográfica admiramos la obra de Buñuel
y su vida. Fue la posibilidad de hacer algo sobre alguien que es
fascinante pero a la vez abrumador.
En
el filme se ve que trataron de utilizar distintas fuentes y también
mostrar distintos dispositivos...
Sí.
Es una película hecha con
materiales de su cine y otros que hemos montado
nosotros alrededor de gente que lo conoció, que han sido testigos de
sus filias y sus fobias, sus ambiciones, sus pasiones, vamos, de lo que
le gustaba y le disgustaba. Hemos hablado con gente de todo tipo, con su
familia, técnicos, amigos, actores.
Y
con ello tenemos armados 98 minutos de una historia que – si quieres
– es biográfica pero buñuelesca.
No
es estrictamente biográfica...
No,
ni cronológica, ni es seguidora de su vida, ni reverencial, ni quiere
ser fiel a una historia real...
Es
una relectura...
Es
una interpretación de Buñuel. Una
relectura de cosas que se sabían y de otras que no se sabían. Un poco
de sus territorios más oscuros y otros más cristalinos. Se mezcla la
vida y la obra.
¿Pero
cuáles son los elementos que predominan en la obra de Buñuel?
Hay
muchas opiniones. Hay quienes dicen – gente cercana y
estudiosa de su obra – que ha hecho la misma película con
muchas variaciones desde La edad de oro (1930). Y están allí
presentes parte de sus obsesiones, de su manera de entender
el mundo, de provocar, de ironizar sobre él. Hay constantes
que están ya desde su primer cine, hasta el final.

Buñuel
¿Cuál
fue su aporte al cine?
Y...
(piensa)... en él está, pues, mira, el camino de la libertad
que se abre cuando uno quiere llevar sus pasiones al cine;
cuando uno es capaz de llevar sus sueños al cine. Eso lo hace
él por primera vez en el cine. Se habían llevado sueños al
cine, pero no se había llevado – hasta que Buñuel la lleva
– la perversión. Buñuel construye historias que aparentan
ser banales, a veces parte de un culebrón mexicano y lo
convierte. El es capaz de dar vuelta muchas historias.
Justamente,
la película El (1952, con Arturo de Córdoba) tiene mucho de
todo lo que Ud. está explicando...
El,
es la historia de
una patología, de un celoso, que se invade de una tensión,
tiene una brillante narrativa cinematográfica. Hay imágenes,
hay algunas secuencias que no se entenderían si Buñuel no
las hubiese visto él (recuerda) las imágenes del campanario,
por ejemplo.
¿Es
correcto decir que El es en cierto sentido un filme
autobiográfico?
Se
podría decir, sí. Buñuel era un animal celoso. Su cuñado
era todavía más celoso. Es el personaje en el que está
basado el papel de Arturo de Córdoba
¿Diría
que Simón del desierto es una obra truncada de Buñuel?¿Podría
haber sido su obra maestra?
No
lo sabemos. Evidentemente es truncada porque no pudo rodar lo
que pensó, sin embargo, tal como la vemos con esa duración
escasa, es una obra, para mí, de las mejores. Buñuel tiene
esa capacidad de saber contar y saberlo hacer de tal manera
que incluso encuentra belleza en la mutilación.
¿Es
comparable a, Viva México, de Sergei Eisenstein?
Si,
pero la de Eisenstein era mucho más compleja, era de
proporciones mayores. Lo de Buñuel era menos pedante, más
inteligente, más eficaz.
¿Hasta
donde es cierto lo de su carácter díscolo, su misoginia, su
homofobia?
A
él le gustaba mucho provocar. Hay un anecdotario riquísimo
en torno de Buñuel. Su misoginia (no, no era misógino, dice
Javier Rioyo por lo bajo) su expresión abrupta respecto de la
mujer, de la homosexualidad. Sobre eso, en el filme, no hemos
querido hacer mucho hincapié para no hacer amarillismo, ni
morbo gratuito. Algún cabréo habrá tenido, vamos, pero lo
que dicen todos los que lo conocieron muy bien, es que era un
caballero muy respetuoso. Podía ser un gran burlador, que lo
era. Le gustaba hacer bromas, algunas pesadas si quieres. Le
gustaba relacionarse por el lado de la ironía. Una manera
interesante de relacionarse con la gente y con la vida.
Tenía algo de caballero antiguo español en lo
reverencial. Ni siquiera los tacos le gustaban mucho. Por
supuesto, no le gustaban las escenas de sexo vacías, la
pornografía y el sexo explicito, ni siquiera los besos. Era
muy pudoroso.
¿Buñuel
buscó masividad con su obra?
Nosotros
creemos que fue un autor programado con normalidad en los
cines de barrio y luego, sin embargo, para cinefilias
solamente. Pero esto es objetivo: Buñuel intentó hacer las
películas, las más complejas incluso, para la mayoría. No
prestigiaba lo minoritario. Hasta cuando hace El perro andaluz
(1928), su intención es provocar pero no quiere ser capilla
de pocos. El no quiere ser un reducto sino trepar en la
industria.
¿Cómo
fue su relación con Hollywood?
Buñuel
es un cineasta de cineastas. Cineasta maestro. Cuando en
Hollywood le dan un Oscar (El discreto encanto de la burguesía,
1972) se reúnen
muchos directores en su entorno.
Todos le admiran, le consideran una especie de ser
raro que con poquísimo dinero y en condiciones, a veces muy
precarias, ha conseguido hacer un cine tan peculiar y tan
circular. Alfred Hitchcock no para de decir: ...esa pierna,
esa pierna, esa pierna...
Se
dice que Buñuel no acostumbraba a repetir las escenas, por
lo que filmaba en una semana o diez días a lo sumo...
O
en menos. Para el productor era una suerte un director como
Buñuel. Era un hombre que tenía la película construida
perfectamente, la montaba. Cuando repetía era por razones
ajenas a él.
¿Tenía
algún método con los actores?
El
trabajaba de una manera muy inteligente, muy sutil. Con los
actores trabajaba previamente, sin método, con trampas.
Como le gustaba a él comunicarse. Les hacía trucos. Para
Fernando Rey, que tenía tendencia a ser muy serio y no se
relajaba, le
dijo a Angela Molina: dile que te duelen los pies de una
manera descolocada. Con eso conseguía actuaciones menos rígidas.
¿Hay
un fetichismo buñuelesco con los pies?
Sí,
tal vez. En todas las películas desde El Perro andaluz hay
referencias.

Los
olvidados (1950), uno
de los filmes más importantes del realizador
¿Buñuel
decía que sus películas no eran de efectos de cámara?
Si,
pero, no obstante, estaban muy bien pensadas. No es que
abandonara ese recurso, pero no le gustaba el preciosismo.
Su operador, Gabriel Figueroa, quería lucirse haciendo un
encuadre precioso y Buñuel hacía la toma contraria. Sus
encuadres eran de alguien que sabía mucho cine.
¿No
les asustó el compromiso de hacer este documental, teniendo
en cuenta que se trata de un creador cuya originalidad lo
sitúa en un lugar jamás acabado, siempre propicio para la
construcción de nuevos sentidos?
El
hecho de que te interese algo te limita, te quita libertad. Te
parece que es tan importante lo que ha hecho, que tocarle tú,
verle y ofrecerlo otra vez a la gente es una especie de
invitación pasional a que se revea el cine de Buñuel y se
conozca mejor su obra.
Raúl
Valls
Gustavo
Camps
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