Irene, yo y mi
otro yo
Me, myself and Irene
2000
color, 115´
EEUU
Dirección: Bobby Farrelly y Peter Farrelly
Guión: Bobby Farrelly, Mike
Cerrone y Peter Farrelly
Montaje: Christopher Greenbury
Fotografía: Mark Irwin, CSC, ASC
Música: Tom Wolfe y Manish Raval
Diseño de producción: Sydney J. Bartholomew, Jr.
Dirección de arte: Arlan
Jay Vetter
Elenco: Jim Carrey, Renee Zellweger, Anthony Anderson, Mongo
Brownlee, Jerod Mixon, Chris Cooper, Michael Bowman, Richard
Jenkins, Robert Forster, Mike Cerrone, Rob Moran, Daniel Green
Ante
todo una aclaración de entrada, esta es la última película de
los hermanos Farrelly ¿Es este un dato menor a la hora de
sentarse en la butaca? De ningún modo. Porque cuando uno paga su
entrada al cine tiene que saber que esperar y los Farrelly son sinónimo
de locuras, humor de dudoso gusto (si usted es de esos que dudan...),
personajes y situaciones delirantes enmarcados en un guión a
medio camino entre lo tonto y lo surrealista.
¿Todos
estos son malos antecedentes? No necesariamente. Son la marca de fábrica
de los Farrelly, y si a usted lo divierte el límite del absurdo y
la incorrección política definitivamente va por el buen camino,
porque si bien es cierto que los chicos no se andan con sutilezas,
son dueños de un lenguaje propio
y hacen reír como pocos.
Esta
vez vuelven a su viejo compañero de andanzas, Jim Carrey, para
construir un relato a su medida: un policía permanentemente
victimizado, esposo engañado, padre ilegítimo de tres hijos
obesos y negros, el hazmerreir de todo el pueblo, que de pronto
explota en un brote esquizofrénico del cual surgirá un alter ego
peligroso y desopilante llamado Hank. Ambos pelearán por los
favores de la chica en cuestión, interpretada por Renee Zellweger.
Hasta
aquí el guión, lo demás es una sucesión de gags ingeniosos
pero no aptos para paladares delicados, si lo suyo es la Comedie
Francaise está en problemas. Pero estamos viendo la última
travesura de los Farrelly, así que relájese y ríase con ganas
de todas esas porquerías que no haría en su vida, de vez en
cuando viene bien divertirse con cosas que no quedan bien. Dése
permiso, aunque sea sólo por esta vez.
Marcela
Barriopedo
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