Como
ha cambiado la vida. En los sesenta los norteamericanos tenían miedo de
la bomba atómica en manos de la China de Mao. Hoy el cuco pasa por las
vacaciones de la clase media en Indochina.
En
febrero de este año se estrenó Por la vida un amigo (Return to
paradise): tres jóvenes la pasan bien en Penang (Malasia), están
contentos y fuman hashish; dos de ellos se vuelven a los
EEUU, pero al que queda le encuentran la mercadería y pagará
por los tres (o más).
Inocencia robada tiene un argumento bastante parecido pero los
protagonistas son dos jovencitas que cambian su viaje de egresadas de
Hawaii a Bangkok (¡si uno pudiera encontrarse en esos transes!) y allí
quedarán envueltas en un caso de cuento del tío y tráfico de heroína.
En
ambos casos la idea es mostrar lo mal que se vive en esas cárceles del
tercer mundo asiático, la
inutilidad del famoso “soy norteamericano quiero hablar con mi
embajada”, y
cierto rasgo de heroicidad e introspección (esto último resulta casi
obvio, después de todo son los únicos rubiecitos/tas que hablan en
inglés y reciben pocas visitas) que les agarra a los jóvenes en esta
situación límite.
La
película que inició estas historias con resultado aceptable fue
Expreso de medianoche, de allí al presente no pasan de ser remedos,
bien contados a veces, pero los retoques no evitan los lugares comunes.
Se me ocurre una moraleja para estos filmes: si viaja a Indochina, tome
gaseosas, no se juegue con otras opciones más pesadas, porque se
arrepentirá.
Gustavo Camps
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