Humo
sagrado es ante todo una película acerca de la mística: la de la religión,
el sexo, el poder. Para construir este relato dentro del cual conviven
diferentes líneas argumentales y diversos niveles de lectura Jane Campion
hecha mano a un recurso que ya había utilizado en filmes anteriores, con
resultado dispar: enfrentar a un hombre y a una mujer con sus
circunstancias y arrojarlos al vacío, hasta las últimas consecuencias.
Ruth
es una joven presa de una sensación de incompletud, perdida, que busca
algo que la complete. Cree encontrarlo en la figura de un gurú que conoce
durante un viaje a la India. Su madre en la lejana Australia vive inmersa
en un mundo pleno de contrastes y capitanea espiritualmente una familia
patética y disfuncional para la cual la búsqueda de Ruth no sólo no
tiene sentido sino que provoca repulsión.
Para
ellos la salida es clara: traer de vuelta a Ruth (cultural y
espiritualmente), desprogramarla y convertirla. Con ese objetivo echan
mano a la ayuda del consejero americano PJ Walters (Harvey Keitel).
Pero
la conversión se convertirá en un juego de poderío sexual en el que
todos los implicados saldrán ganando, perdiendo, sufriendo o encontrando
una cierta forma de redención.
Como
se puede apreciar la anécdota no es simple y la manera en que se la
aborda tampoco: escenarios que alternan entre la comedia disparatada, el
drama erótico o el ensayo existencial y que restan unidad temática a la
anécdota, con la sensación de haber asistido a lo que pudo ser el
anteproyecto no de uno sino
de varios filmes. Es allí, en la construcción del guión donde radican
las mayores dificultades del relato y donde la historia se pierde, tal
como la protagonista de la película.
Las
actuaciones en cambio merecen un párrafo aparte: tanto Kate Winslet como
el impagable Harvey Keitel saben echar rienda a sus tortuosos personajes,
conducirlos magistralmente por sus más oscuros recovecos y devolverlos
luminosos, conmovidos en un final que
si tiene alguna credibilidad es gracias a ellos.
Humo
Sagrado es una apuesta muy ambiciosa que seguramente despertará una ola
de polémicas, por otra parte sospecho que esto
es lo que se propuso su creadora. Sin embargo quizás esta ambición
sea lo que la ensombrece: ya se sabe que quien mucho abarca poco aprieta.
Eso
sí, no deja de ser interesante y
entre tanto “tanque” comercial americano justifica
su visión, contradictoria, quizás incompleta pero por suerte
pensante.
Marcela
Barriopedro
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