En
uno de los filmes de la saga de El Padrino, Michael Corleone hace
despachar a su cuñado porque este lo ha traicionado; cuando el aludido
hampón trata de salvarse negando la evidente traición el capo di tutti
capi le dice: “no insultes mi inteligencia”.
Gigoló
por accidente es eso: un insulto a la inteligencia del espectador.
Tamaño
bodrio repudiable pretende hacer reír con gags previsibles a ultranza
(que para colmo se repiten) y un humor
chabacano, de baja calaña contra ciegos, gordos, liciados y negros, por
supuesto.
Un
ejemplo: el protagonista baja empapado de un autobús, ha dejado el piso
resbaladizo, una anciana que baja detrás cae sentada. Ja, Ja, Ja. Deje
de escribir de la risa. Gracias.
Si
Benny Hill estuviera en el infierno, lo imagino frente a una gran
pantalla en la que le proyectan todo el tiempo
pastiches fílmicos como este.
Por
lo demás, el argumento está bien explicado por el título. Los
productores Sid Ganis, Adam Sandler (también actor) y Jack Giarraputo
ya habían producido Big Dady (Un papá
genial), una comedia liviana
pero mucho más ingeniosa que el presente filme.
Gustavo Camps
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