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Una
estrella que brilla por su ausencia
Un
lluvioso lunes de Noviembre por la tarde, Graciela Borges nos atendió
en su piso de la calle Figueroa Alcorta con vista al Río de la Plata,
en Buenos Aires.
Estaba
algo indispuesta (todavía vestía ropa de dormitorio) pero nada tan
importante como para no poder hablar de cine, proyectos y recuerdos.
Desplegó tanta energía que después de la charla se arregló, se puso
un abrigo y salió para la radio como todos los lunes. Ya había
anochecido.
¿Cómo definirías
tu momento actual?
Esta
es una época de mucho cambio. Las épocas de cambio son (piensa) muy
productivas a pesar de la angustia y el miedo que produce el cambio. Yo
siento que el miedo va delante de las grandes cosas de la vida.
Cuando uno logra traspasarlo es que sale de la comodidad y toma
zonas de riesgo. Va hacia el banquete de la vida que está en un lugar
como complicado. Después, si uno no llega pero lo intentó es
trascendente igual. Lo importante es estar en acción.
Hay
épocas productivas pero de todos modos vos no sos de encarar proyectos
simultáneos, por ejemplo
No
creo que sea lo que se debe hacer. Nunca haría teatro con cine y
televisión. Me costaría mucho. Unicamente que hiciera una cosa muy
relajada, de fin de semana, como hice Cartas de amor (en teatro).
En
algún momento podría hacer otras cosas.
¿Qué trabajos
recordás del último tiempo?
Lo
que más me gusto hacer fue Cartas de amor con el hombre de ojos azules,
con (Rodolfo) Beban. También con el flaco Luppi (Federico Luppi) pero
él lo hizo menos tiempo. Los dos fueron maravillosos compañeros. Y por
último muy pocas funciones con Alberto de Mendoza, que también fue muy
agradable hacerlo porque lo
conozco desde que soy muy chica
En
Pubis Angelical (cine, 1982) con Alfredo Alcón

¿Desde El Jefe, no?
Si.
De hecho fue la primer persona que me dio un beso.
¿Qué proyectos tenés?
Lo
que estamos por crear (piensa). Voy a hacer Beatriz, un homenaje a
Beatriz Guido en teatro leído que escribieron Federico González del
Pino y Fernando Mallorens. Un homenaje a la mujer de Leopoldo Torre
Nilsson que fue una gran escritora.
Mi
sensación de esta época es (piensa) que es bueno saber que uno tiene
que participar en lo que lo hace feliz. Muchas veces el facilismo, las
cosas compulsivas como el rating - no es mi caso - pero hacen perder la
perspectiva al actor que es muy protagonista,
que hace muchas cosas.
Allí
sí está la frase famosa de los japoneses: “el hombre que se detiene
camina”. Me parece que hay que parar.
El rating remite a la
televisión pero vos sos una actriz de cine básicamente ¿no?
Hablo
del rating porque se tiene mucha enajenación con ese tema. Yo no hago
televisión. Pero debo decir que trabaje un año seguido y gane el
premio a la mejor actriz con el Martín Fierro. No puedo dejar de honrar
ese tipo de televisión hecha por Alejandro Doria y por María Herminia
Avellaneda.
Pero
es televisión hecha desde otro sitio. Me agobia la sensación de llegar
a un set y saber que todo tiene apuro, que todo tiene que estar hecho
para ayer. ¿Cómo no lo hicimos ayer y ahora hay que hacerlo tan rápido?
Hay una cosa que capto de la tele, una energía casi negativa. En eso no
quiero entrar.
Los actores usan la
televisión para mantener su vigencia...
Hablando
con un actor muy conocido - por eso me impresionó más - le decía que
hay una frase de una abuela mía que me encanta y
dice: “brilla por su ausencia”. Creo que es bárbara. Pero
para él no es así porque me contesto: “Yo creo que hay que estar en
la televisión de cualquier manera, para estar vigente”.
Eso
no es verdad. Uno a lo largo del tiempo es como una marca. Es más. Es
fantástico que uno pueda ocultar ciertas aristas y sorprenda un poco
cada vez que aparece. ¡Porque
sino los mismos personajes de siempre son tan obvios! ¡Tan obvios!
¿Qué tipo de TV te
gusta a vos como espectadora?
Francamente
los programas que me gustan tienen cuatro o cinco puntos de rating, si
es que los tienen.
Me
gustan las películas que pasan por cable, ciertos programas de interviú.
Los talk show me parecen horrorosos. Los que llevan a la gente a hablar
de su sexualidad, de cosas absolutamente personales y propias de su espíritu
y de su corazón.
¿Vas
a empezar a filmar con una directora novel? ¿Con Lucrecia Martel?
Yo
(piensa) no estoy demasiado segura. Ojalá que se haga la película.
Haga o no el proyecto de Lucrecia Martel (La ciénaga)
creo que va a ser una película fantástica, creo que tiene un
buen guión, de hecho fue premiado en Sundance. Es el instituto de
Robert Redford. Esa chica es muy talentosa.
Después
también hay algunas cosas que me parecieron buenas, Por ejemplo un guión
premiado de Sergio Bissio, un escritor espléndido, el escritor de la
obra de teatro La China. El hará su primer largometraje y nos pidió al
flaco Luppi y a mi que trabajáramos. Se llama Rulo, no tiene que ver
con Mundo Grúa, es la historia de un hacendado que vive con su mujer en
una estancia y se enamora de una oveja. Es un guión muy fuerte, de
amor. Hay que apoyar todo lo nuevo que viene.
¿Qué directores te
han impresionado en tu carrera?
De
lo reciente a mi me gustó mucho Diego Kaplan. Creo que va a ser muy
talentoso. Es el que hizo
¿Sabes nadar?. Muy imaginativo. Al mismo tiempo tiene mucho respeto por
el trabajo de los demás. Saca un resultado muy creativo de cada
cosa.
Bueno,
volví a ver todo el cine de (Raúl) De la Torre porque estuvieron
pasando películas por cable y yo estaba con gripe y aproveche. La
verdad que me había olvidado lo bien que filma. ¡Cómo me gusto Funes
(Funes, un gran amor) cuando lo vi de nuevo!. Y Pobre mariposa. Me pareció entrañable Pobre mariposa con
la cual tuvimos un éxito impresionante en el Festival de Cannes.
Después
(Leonardo) Favio. Que yo cada vez que hablo con él - seguido porque lo
quiero mucho - estoy ansiando tener un tema, un libro para hacer con él.
¿Y Torre Nilsson?
Y
Nilsson - el primero que iba a nombrar - fue
el que me enseñó (piensa)
no se si a manejar la emoción, pero sí a usar el instinto y (piensa de
nuevo), es tan difícil explicarlo, los tiempos cinematográficos, diría.
El
era un ser que explicaba de un modo como nadie. Me marcó muchísimo. De
hecho Piel de verano quieren hacerla de nuevo ahora unos chicos nuevos,
muy under, muy geniales.
Piel
de verano es una película que yo llegue a los Estados Unidos, a la
Universidad de Berkley, y me aplaudían. Yo pensaba: “me aplauden porque siempre se
creen que soy la hija de Jorge Luis Borges”.
Pero no era por eso. Era porque estudian cine latinoamericano con
Piel de verano y aman ese filme.
Nilsson
era de un refinamiento poco común. Sobre todo en los primeros filmes.
Explicaba las escenas para hacer el trabajo como ningún director en el
mundo. Decía: “yo voy a poner la cámara acá. Quiero que te quedes
tranquila, que entres y reflexiones
sobre lo que pasa en este momento, quiero ver como vos sentís esto, abrís
lentamente la puerta, te pones así..”. Te explico cosas que no
parecen importantes pero él me enseño una cosa que a mi me fue
quedando mucho: el enamoramiento de la cámara y la actriz. Eso se tiene
que generar. Hay gente que no es amada por la cámara. Y cuando uno
recibe, porque es amado por la cámara, también tiene que darle mucho.
Ese encenderse de la cámara es como una expansión para el
actor.
Favio
y él hacen eso. El
dependiente (Leonardo Favio) es un de los trabajos que más he adorado
hacer en el cine.
¿Cambió tu percepción
de la calidad de la película Kindergarden desde el rodaje a hoy?
No.
A mi me gusta el cine de Polaco. El primer cine de él. Diapasón más
que ninguna. Había algo en él que tenía potencia para contar . Pero
hubo una autocensura en Polaco y me angustia que le haya pasado porque
él tenía una expansión buena. Kindergarden puede gustarme más o
puede gustarme menos pero era su filme, su modo de filmar. Además era
muy atractivo filmar con un director que hacia tomas secuencias, no tenía
casi cortes.
Pero
me dio un guión después de Kindergarden. Esto lo digo con un enorme
amor hacia él. Que parecía - sin menosprecio ninguno - una película
de los años cuarenta, simpática, de Cahen Salaberry o de Schliepper
que filmaban como los dioses, no tiene nada que ver, pero que era muy
rosa para la idea de Polaco sobre lo que es contar una historia fuerte,
ser un provocador.
¿Vos
desechaste la oportunidad de firmar un contrato de cinco años con Carlo
Ponti?
¿Es
posible que fuera tan tonta? (risas) Es cierto, Yo no me quería quedar
en Italia. Es una cosa rara
esto pero me siento argentina. Es una cosa rara.
He filmado en inglés con actores extraordinarios. Para mi filmar
con Jean María Volonte o filmar mis películas americanas con Geraldine
Page , una actriz que ganó el Oscar por Dulce pájaro de la juventud.
Pero no es lo mismo trabajar en el idioma de uno.
Qué
quiere decir ser argentina. No es ser nacionalista o patriota aunque
patriota me gusta más que nacionalista. Yo extraño mucho mi mundo de
afectos. No puedo estar sin mis amigos. Me pongo melancólica y muy
triste. De hecho cuando he filmado afuera, por ejemplo ocho meses con
Victoria Abril (una actriz enorme), en España, u otros países, me
cuesta la vida.
Una
persona es más importante como ser humano que como actor. Me encanta la
idea de ir y venir pero quedarme no. Por otra parte, yo era muy chica
(17 años). Tenía mucha presión de mis padres. En esa época parecía
más difícil todo hasta el viaje en avión. No tuve ganas. Son tan
potentes las raíces de uno.
Gustavo Camps y Raúl
Valls
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