Un hombre joven llega a su lugar de trabajo, un galpón de
techo altísimo con la persiana baja. Entra, marca la tarjeta en el reloj y se dirige a
sus labores.
Durante la última dictadura militar en la Argentina, el
garage Olimpo no fue un lugar de trabajo cualquiera. Allí se torturaba a la gente. Si
alguno moría antes de lo programado, el torturador era reprendido por el superior. Se
controlaba la eficiencia. Una vez que ya no había nada que sacarles a las víctimas -
leasé literalmente, porque también les robaban casas y otras pertenencias - eran tiradas
al mar desde aviones militares.
En Garage Olimpo, el director italo-argentino, Marco Bechis,
pone en imágenes la historia de María (Antonella Costa), una jovén alfabetizadora que
vive con su madre (Dominique Sanda) en una gran casona mantenida a fuerza de pensionistas.
María es secuestrada y llevada al Garage Olimpo y allí
descubre que su torturador es Felix (Carlos Echevarría), un inquilino de su madre.
Este filme es bueno y aún muy bueno por varias razones.
Hay por lo menos dos características que lo hacen verosímil
como pocos nacionales: la construcción de una atmósfera agobiante a partir de cámaras
que se acercan hasta el límite a los personajes, y la utilización de planos detalle
-muestran tazas de rancho, cerrojos, celdas - y escenas que desnudan lo burocrático de la
vil actividad del torturador.
También es un acierto de Bechis la inexistencia de escenas
efectistas y golpes bajos destinados a cierta catársis, sobre todo teniendo en cuenta que
él mismo fue una víctima de todo esto en los años de plomo.
Sus torturadores no llevan caretas de monstruos ni llaman la
atención.
Se destaca, además, la economía utilizada para
contextualizar la historia, ya que la mayor parte del filme transcurre en el centro
clandestino. En ese sentido, la escena en que un locutor deportivo relata la detención de
una víctima en una cancha de fútbol es antológica.
Lo mismo pasa con la escena en que un avión militar
sobrevuela el Río de la Plata con los acordes de una canción patria como fondo, una
síntesis que más de un avezado director quisiera haber creado alguna vez.
Gustavo Camps
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