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1998
Color, 100´
Italia
Dirección: Giuseppe Piccioni
Guión: Lionello Cerri, Giuseppe Piccioni, Gualtiero Rosella, Luzia Zei
Montaje: Esmeralda Calabria
Música: Ludivico Einaudi
Fotografía: Luca Bigazzi
Vestuario: Carolina Olcese
Elenco: Margherita Buy, Silvio Orlando, Carolina Freschi, María
Cristina Minerva, Alessandro Di Natale
Hay
algo que incomoda en esta puesta aunque se trata de una
buena película.
El
filme cuenta la historia de una monja joven (Margherita Buy) que está a
punto de tomar los votos definitivos y se enfrenta a dudas ante la
decisión. Un día cae en sus manos un bebe abandonado y esto la mezclará
con Ernesto (Silvio Orlando), el dueño de un lavadero cuyo pullover
abriga al niño, y Teresa (Carolina Freschi), la madre adolescente que
lo ha abandonado.
Los
protagonistas están en su registro, sobre todo el excelente Silvio
Orlando; tampoco resulta del todo extemporánea, en el contexto
del filme, la ruptura narrativa que produce las inclusión de imágenes
fijas entre algunas escenas y que aparentemente remiten a los grupos de
pertenencia de algunos personajes (las empleadas de la lavandería, las
monjas del convento, los empleados del hospital).
¿Dónde
se genera el malestar entonces?
A
diferencia del mundo caótico con el que muchos estamos
acostumbrados a convivir, Piccioni nos muestra un mundo en
equilibrio permanente donde los conflictos son la excepción a la regla.
En
este mundo, los personajes de Piccioni toman decisiones definitivas,
gozan del libre albedrío, tienen iniciativa, tienen su lugar. Hay
alguien que digita que todo salga bien; tal vez dios, o mejor dicho:
Dios.
No
es que estos hombres y mujeres no tengan conflictos, los tienen pero
mantienen el control (¿qué clase de monja es Ud., no debería
comprender, perdonar? reclama Ernesto en una escena en la que la monja
no deja clara su posición).
Estos
personajes están en los antípodas del personaje lazariano de Jean
Cayrol (guionista y colaborador de Resnais). Hace poco, en el marco
de la proyección de Muriel, o el tiempo de un retorno (A.
Resnais, 1963) Ricardo Parodi, del Centro de Teoría de la Imagen,
transcribió la siguiente frase: “el personaje lazariano se encuentra
siempre más allá o más acá de la situación que provoca, no puede
encontrar el término justo, el equilibrio adecuado (...) se enloquece
cuando se ve obligado a participar en una acción, a tomar una
iniciativa...”.
El
universo que plantea Piccioni es religioso, sus personajes son
beneficiarios del orden divino.
En
ese sentido, sin duda, se puede decir que están fuera del mundo.
Gustavo
Camps
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