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Para
muestra basta un botón. En este caso, dos.
Se trata de dos films que integraron el
segundo festival de cine alemán en la
Argentina. Conviene hacer un poco de
historia: el nuevo cine alemán surgió en
la década del 60 a raíz del llamado
Manifiesto de Oberhausen. La industria
cinematográfica había sido muy importante
en Alemania, incluso en la época de la
Segunda Guerra Mundial. En los 60, los jóvenes
cineastas decidieron romper con el pasado y,
a partir de este manifiesto, crearon la
corriente “Hombres” (Manner), nombre de
la película de Doris Dorrie que sentó las
bases del nuevo género. Fueron comedias.
Hoy en día el cine alemán ha logrado un
lenguaje sugerente, de imágenes fuertes
pero sobrias, trabajadas fotográficamente,
logrando una narración cinematográfica
propia y contundente.
“Ningún
lugar al que ir” inauguró este festival,
recibió el premio anual German del 2000 así
como su protagonista también fue
distinguida, Hannelore Elsner, quien estuvo
en esta ciudad. Trabajada en un blanco y
negro virado al azul, Oskar Roehler marca a
través de un singular manejo de las imágenes
una forma de expresión de los sentimientos
de los personajes. Apelará a los primeros
planos en algunos momentos, incorporando los
silencios, las tomas-secuencias, abriendo así
un abanico de posibilidades técnicas. Narra
la historia de una escritora exitosa,
admiradora de Lenin, que, cuando cae el muro
de Berlín, se siente rechazada en el Este y
el Oeste. Intenta amar ocasionalmente, se
reencuentra con su ex marido, pero su búsqueda
de un lugar será ardua. No es ficción pura:
el realizador tomó la historia de su propia
madre. Y para las escenas en que la
protagonista va encontrando su camino,
utiliza la luz sobre la cámara de manera
enceguecedora. Un excelente film por su
realización y por sus actuaciones.
Vimos
también “Oi!Warning”, de Dominik y
Benjamín Reding, premio Opera Prima del Max
Ophuls Festival 1999. Es un film sin
concesiones que nos lleva a la vida de un
grupo marginal, los skinheads, y cómo
logran captar adeptos. Realizada en blanco y
negro expresionista, el fuego, el dolor, la
muerte, la agresión, el sexo, son mostrados
sin vueltas, en tomas cortas, precisas,
claras. En ambos casos nos encontramos con
una sociedad que, desde este lugar del mundo,
está marcada por las experiencias brutales
como las dos guerras que generaron. La
exquisita formación intelectual del pueblo
alemán tiene su contrapartida en estos dos
ejemplos, el de la escritora leninista y los
skinhead, dos polos de una sociedad que
sufrió y generó horrores, siendo notable
la capacidad de los cineastas alemanes para
captar la esencia de ese estigma tan brutal.
Finalmente
vale añadir que es remarcable el
preciosismo logrado con la fotografía en
todos sus aspectos,
desde las tomas hasta el virado al
azul y la explosión de luz. Da la sensación
de que se ha seguido un “guión de hierro”
en cuanto a la filmación de las imágenes,
para lograr una terminación tan perfecta en
cada cuadro, tan precisa en los planos y tan
ajustada en la iluminación.
Elsa
Bragato
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