Durante
el último festival de cine de Buenos Aires este filme gozó del beneplácito
de la crítica local, junto con sus coterráneas 76 89 03 y No quiero
volver a casa.
Hay
que reconocer que de las tres nombradas, Esperando al Mesías, es la más
fresca y, por otro lado,
demuestra ganas de alejarse del ampuloso cine nacional de otrora,
no obstante, varias escenas y personajes del filme exteriorizan un afán
calculador para ganarse al improbable universo colectivo conocido como público.
El
argumento de Esperando al Mesías nos pone frente a las vidas de un
joven judío, un ex bancario desempleado y una productora de televisión
segura de su trabajo. Cada cual trata de encontrar su lugar en la
deshumanizada y globalizada Argentina contemporánea.
Lo
que atenta contra el filme es que la lucha entre los viejos clichés y
los aires renovadores toma a la pantalla misma como el campo de batalla.
De
esta manera veremos como la interesante construcción del personaje
Ariel (Daniel Hendler, excelente) se entorpece con una voz en off que
constantemente explica lo que muestran las imágenes (redundancia, que
le dicen).
Mientras
los personajes lésbicos de Chiara Caselli (la periodista) y Dolores
Fonzi están construidos con mesura
y realismo cinematográfico, el Santamaría, de E. Piñeiro (ex
bancario) es irrealista,
cursi, y forzado como pocos. Un ejercicio interesante es comparar a
Santamaría con el logrado Rulo, de Mundo Grúa. Este personaje expresa
una ética frente a la vida; no se trata de un héroe ni de un villano,
sino de alguien que se encuentra con la vida y vive; el Santamaría de
Burman es una especie de superhéroe venido a menos que – como en los
melodramas – calcula cual es el camino más extremo (de bondad, en
este argumento) y lo toma. Santamaría expresa a la moral (la abstracción)
y no a la ética. En su favor hay que decir que tanto él, como su
partenaire, Elsa (Stefanía Sandrelli), expresan a la Argentina
postmenemista coherentemente.
Por
último, es grato encontrar a Héctor Alterio fuera del eterno papel
con acento español (aquí hace del papá judío de Ariel) pero
es difícil justificar al personaje de Imanol Arias por el sólo hecho
de sus sentencias de manual de autoayuda.
Esperando
al Mesías pone en evidencia las dudas de muchos jóvenes directores
contemporáneos de nuestro país, sobre el cine que vale la pena hacer.
¿Una buena película o un buen producto? Bechis, García Guevara,
Rejtman, Rudnik, Trapero - por citar algunos - han tomado una posición,
Daniel Burman todavía no se decide.
Gustavo
Camps
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