Producción:
Gruber Brothers, Winchester Films, Arts Council of England, Tomboy Films.
Distribución:
Cine
3 S.A.
Dirección:
Stefan
Schwartz
Guión:
Richard
Holmes y Stefan Schwartz
Fotografía:
Henry
Braham
Música:
Stanislas Syrewicz (“Trainspotting”), Tris Penna, Mike Smith,
además de canciones de los 70 de Burt Bacharach y Hal Davis y grupos
como Space, The Wannadies, The Bluetones y Symposium entre otros.
Vestuario: Stewart
Meachem
Duración:
102 minutos
Elenco protagónico
Dan Futterman (“Dylan”)
Stuart Townsend (“Jez”)
Kate Beckinsale (Georgie)
Dos
huérfanos,
que guardan tristes recuerdos de su niñez, se encuentran en Londres y
deciden darle una vuelta de tuerca a la vida a partir de sus propias
características: “Dylan” es
parlanchín y audaz, un judío neoyorquino; “Jez”,
británico, es teórico y tímido. El objetivo es lograr dos
millones de libras esterlinas, una mansión
como las que supieron conocer de chicos, y disfrutar de la vida ayudando
y ayudándose. Para concretar sus sueños, toman a una secretaria, “Georgie”,
quien oculta, tras su bello rostro, a una distinguida mujer de la
sociedad londinense y a una avanzada estudiante de medicina. Con esta
base, “Dylan” y “Jez” se lanzan el mundo. Comienzan a vender
“chips” y elementos de computación increíbles, arreglan techos,
envían cupones para supuestos sorteos con “adelantos” de ahorros
que solo ellos embolsarán. De a poco, y ante la mirada de sorpresa de
“Georgie” que suele decirles que “no entiende bien lo que hacen”,
los dos jóvenes avanzan sin piedad en sus “empresas” que,
obviamente, cambian día a día a medida de que son sorprendidos. Pero
no tienen mayores impedimentos: se fugan, corren, toman un auto, escapan.
Nada les resulta imposible.
Por
su parte, “Georgie” tiene su propio dama: un casamiento inminente,
un novio estafador, la pérdida de su fortuna... Y un hermano con el síndrome
de “Down”. En algún momento, la ágil comedia inglesa encuentra otro vuelco, esta vez nada favorable para los protagonistas, y es
donde la “secretaria” cumple un papel fundamental. Los dos millones
de libras esterlinas llegan a reunirse, pero aquí la vida enfrenta a
“Dylan” y “Jez” a una encrucijada que los lleva a agudizar el
ingenio. “Georgie” será entonces la “mano ejecutora” de estos
hermanos de la vida. Y se transformarán en modernos “Robin Hood”.
Se
trata de una comedia justamente “a la inglesa”: humor aún en los momentos de crisis, un texto bien tratado, una cámara
dispuesta a seguir los vaivenes de la trama. Hay que apuntar que los
actores son prácticamente desconocidos para el gran público. Sin
embargo, no resulta un obstáculo para identificarse
con las “travesuras” de los personajes, lo cual indica un logro en
la dirección actoral. La anécdota que da pie a esta película es simpática
y, dentro de todo, diferente. Sin
mayores efectos especiales, el director asume el riesgo de encarar
una narración cinematográfica de manera tradicional, es decir, basándose
en la capacidad actoral de los jóvenes intérpretes y en el guión. El
producto es dinámico, ajustado a los cánones de la comedia, no tiene
pretensiones de ser nada más que lo que se muestra (de todas formas, el
final se torna demasiado previsible). Esta hipótesis de trabajo del
director permite que, al final del film, uno
sienta que fue a ver una comedia sin complicaciones intelectuales.
Entonces, productores y directores y actores cumplieron con su objetivo.
Demás
está decir que no es un aporte significativo para el cine. Se trata de
una comedia más, con un tratamiento cinematográfico acorde al 2000
pero... hasta ahí. Si le sobra el tiempo, vaya a verla. Mal no lo va a
pasar.
Elsa Bragato
|