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Mejor
filme sección Detrás de la cámara
LE
TEMPS RETROUVE
Francia
Dirección: Raúl Ruiz
Fotografía: Ricardo Aranovich
Elenco: John Malkovich/ Catherine Deneuve / Emanuelle Beart/ Vincent
Perez
Inspirado
en la obra de Marcel Proust En busca del tiempo perdido, especialmente
en el último volumen : “El tiempo recuperado”.
Para
la historia oficial del Festival esta película nunca integró la
muestra. Queda pues en la responsabilidad y en el deseo de los
espectadores y en alguno de los periodistas rescatarla del olvido.
Qué
más adecuado para este filme que el rodearlo con la dramaticidad de
esta frase inical.
Fue
una experiencia fascinante y afortunada haberla presenciado. Seguramente
fue una de las mejores películas de la muestra.
No
es muy sencilla de abarcar, requiere un esfuerzo de atención particular
pero sobre todo una predisposición
de apertura hacia regiones que al abordarlas aportan un
conocimiento íntimo y conmovedor.
Puedo
afirmar que para los que no leyeron el libro, la manera de presentar a
los personajes por el
director puede llevarlos al desconcierto o a la tentación de abandonar
la sala, es decir, rendirse. Pero es necesario que sepan que con buena
voluntad y persistencia es posible captar lo básico y disfrutar con
ello un instante de inigualable placer.
Un
artista, su mundo social más próximo e íntimo y un descubrimiento
personal que lo sobresalta: lo que le era prohibido ahora le es
permitido.
La
visualización de su yo y la captación cristalina de la razón de su
vida.
El
artista vive para escribir, y comprueba especialmente que en su peor
momento esta pasión es la que le permite trascender un cuerpo debilitado y
un tiempo que se le escapa.
Con
su espíritu en un estado de hipersensibilidad absoluta,
hasta la más insignificante de las exterioridades, sonidos, imágenes
o hasta un simple gesto, es decir casi todo,
representa para él un instante significativo que lo retrotrae al
pasado. Así vive sus últimos días experimentando y comprendiendo
lo que fue su infancia, su adolescencia , su tiempo de adulto
y su proyección en el futuro.
Durante
toda la proyección se abren umbrales en la memoria y se reconstruye
desde ellos la vida del escritor y su entorno social. ¿Por qué no
valorar la película sólo como una crónica exquisita de una época?.
La única oposición para
ello es que es mucho más.
Debemos
estar dispuestos a ver en la estructura del relato la transgresión
permanente del tiempo real. Aquí al que considerábamos muerto resulta
resucitado.
Pareciera
que el Proust de esta visión fílmica proclama que el haber descubierto
la vanidad y la mentira en la literatura, aún en el caso de que
pertenecieran a sus propios textos, resulta un impulso y una inspiración
para volver a escribir.
Estwe
filme es un
refrescante aliento de vida. Lo que aparece como monótono en
realidad constituye la clave para la interpretación.
Lo
más arriesgado sería suponer que no se trata de una vuelta al pasado
sino a la vivencia más esplendorosa y nítida de su presente. Vivir en
plenitud. Ser o haber
adquirido la capacidad de la clarividencia.
Armando
D´angelo
EL
TIEMPO RECOBRADO
Le
temps retrouve
1998
color, 158´
Francia
Dirección: Raoul Ruiz
Guión: Raoul Ruiz, Gilles Taurand, sobre la obra de Marcel Proust
Montaje: Dense de Casabianca
Música: Jorge Arriagada
Fotografía: Ricardo Aranovich, AFC y ADF
Sonido:
Philippe Morel, Gerard Rousseau
Elenco: Catherine Deneuve, Emmanuelle Beart, Vincent Perez, John
Malkovich, Marie France Pisier, Pascal Greggory, Marcello Mazzarella,
Chiara Mastroianni…
El
tiempo recobrado es una refinada película que reconcilia al cine con el
arte. Un bocado inhallable en los menúes de los fast food donde se
cocina el trash que suele inundar
nuestras pantallas de cine.
El
tiempo recobrado es un filme bellamente denso; no entretiene, no calma,
no sublima con la facilidad de un pasatiempo “desinteresadamente”
inocuo. Sin duda atrapa el interés de espectadores .
Marcel
Proust nació y murió en París. Luego de publicar su primer libro –
Les plaisirs et les jours – se dedicó por diez años a conocer la
sociedad elegante y aristócrata que
frecuentaba su madre, perteneciente a una distinguida familia judía de
París.

La aristocracia
francesa disecada por un artista: Marcel Proust.
A
los treinta y cinco años comenzó a escribir la novela En busca del
tiempo perdido, recluido en una habitación por el asma. En esta obra
queda en evidencia su capacidad de observación de aquel mundo aristocrático
que lo cobijó y también su concepción no lineal sobre el tiempo, es
decir, del tiempo como una fusión del pasado y el presente. En su
filme, Raoul Ruiz expresa con brillantez esta visión del tiempo.
La
adaptación de Ruiz y Taurant que se estrena, es una suerte de
contrapunto entre El camino de Swan y El tiempo recobrado, el primero y
el último de los volúmenes de aquella extensa novela. Por eso en ella
se alternan y conviven, muchas veces en un mismo plano-secuencia, lo días
felices e idos de la niñez de Proust con los recuerdos de la adultez.
También
es un filme coral que pasa revista por varios personajes de la más
rancia alcurnia francesa de principios de siglo, y se detiene en sus
tics, sus costumbres sexuales, y en general, su sentido de la vida, con
escaso realismo, lo mismo que Proust desde la literatura, con el
compromiso puesto en el arte más que en la realidad.
Lo
ideal para gozar de este acabado filme es dejarse llevar por las imágenes
montadas expresivamente, sin intentar seguir una línea
argumental como si se tratara de un libro y sin especular sobre
la lógica de tal o cual escena o de tal o cual personaje.
Justamente, uno de los logros del filme es que no construye
barreras evidentes entre el terreno de lo real y lo imaginario
(flashbachs, por ejemplo. En una escena el protagonista-narrador
tropieza en la calle y ese trastabillar dispara sus recuerdos; en otra
escena el disparador es un cartel en una estación de ferrocarril; en
ambos casos se mantiene la continuidad narrativa).
El
escritor francés Jean Cocteau (1889-1963) dice sobre Marcel Proust en
El diario de un desconocido: “Está fuera de duda que percibió el
tiempo verdadero”. También las imágenes de Raoul Ruiz
lo consiguen, en esto también radica el valor de este filme.
Gustavo
Camps
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