Ser
un cabal don nadie o un alguien espurio. A partir de este interrogante ético
se teje la tragedia del Sr. Ripley (Matt Damon).
La
película de Minguella ofrece una solución cristiana a la cuestión. Se
puede escapar de la policía pero no de la culpa nos dice en esta puesta,
con mucho de thriller psicológico pero también de filme romántico.
La
mesura y la afabilidad con las que el director construye esta historia es
para destacar, lo mismo la estética acabada para mostrar rasgos del carácter
de Tom Ripley. La única violencia desmesurada que se ve, sucede en el
asesinato de Dickie (Jude Law) y ni siquiera se le puede achacar
totalmente a Ripley cierta maquinación por este desenlace. La pasión de
Ripley por el joven y por lo que este representa es incontrolable para él
- “haría cualquier cosa por ti” le confiesa a Dickie en una escena -
y este descontrol desencadena los hechos.
Este
tacto del director para con Ripley está bien calculado. No es casual.
Toda esta historia, desde la escena inicial en la que Ripley dice “si
pudiera borrarlo todo...”, está contada desde su propia perspectiva. El
aparecerá en todos los planos del filme - en todos, literalmente - y
convengamos en que nadie es capaz de caratularse como un monstruo.
Tom
Ripley es un joven que odia su condición de clase (baja, ¿es necesario
aclararlo?) y admira el Savoir-vivre (así, en francés, aunque el filme
transcurre en Italia) y el lujo de la alta aristocracia. Cuando el azar le
da la posibilidad de usufructuar los beneficios de la clase que anhela, él
lo hace de la peor manera posible y tal vez,
en esto, vuelve a tallar la culpa.
Todo
el prólogo del filme contiene imágenes que construyen a Tom Ripley como
un desclazado que observa a hurtadillas un mundo inaccesible para él (la
escena en el teatro). Cuando viaja a Italia conchabado por el padre de
Dickie, se lo ve dejar un vecindario ordinario; las imágenes del frigorífico,
frente a su puerta, refuerzan la idea de un hábitat urbano sin el menor
refinamiento.
En
Europa se sentirá a sus anchas pero sobrevendrá la tragedia cuando
Dickie, extremadamente hiriente, lo confronta con su origen verdadero (¡aburrido...¡
repetida varias veces por Dickie, es la palabra detonante).
Con
The english patient (El paciente inglés) Anthony Minghella obtuvo nueve
de los doce premios de la Academia en los que compitió. El talentoso Sr.
Ripley aspira a cinco galardones que incluyen mejor actor de reparto, por
el trabajo de Jude Law, y mejor guión adaptado.
El
talentoso Sr. Ripley es la segunda puesta que se realiza sobre la base del
libro de Patricia Highsmith - la primera fue A pleno sol, de René Clément,
en los años sesenta - pero la adaptación de Minghella está lejos de ser
una remake.
Gustavo Camps
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