La
historia sobre la amistad de dos adolescentes diferentes al resto, uno
gigante e introvertido y otro dotado de un inteligencia envidiable pero
con el cuerpo estropeado por el síndrome de Morquio, podría resultar
interesante si no se mezclara con las fórmulas de marketing de
Hollywood.
No basta con la amistad, el
planteo de ciertos conflictos y una muestra de cómo estos adolescentes
se las arreglan con el mundo. No. El departamento comercial dice que
para interesar al público - con perdón, al consumidor - tienen que
enfrentar a pandillas, luchar por lo menos contra
un criminal peligroso y por supuesto, los personajes deben estar
bien estereotipados, no tienen que parecer del común.
El gigante no sólo debe ser
introvertido y sin carácter, sino estúpido e incapaz de usar el
cerebro. El discapacitado debe ser fuerte de carácter y llegado el caso
vencer su enfermedad para manejar camionetas, esquiar y salir de apuros
tipo MacGiver.
Por último, para redondear,
en el elenco debe figurar por lo menos una superestrella.
Recuerdo
otro filme sobre un deforme y su amigo: Simón Birch o El gran Simón.
Para justificar su historia, Simón
debe - por lo menos - salvar de las aguas a un colectivo escolar
completo.
Volviendo
a El Poderoso, en tanto este producto debe cerrar como un drama, tendrá
una escena filmada en ralenti, para que el personaje que se salva de la
ira del guionista dramatice su tremendo dolor en primer plano.
En
otro orden de cosas, diremos que Sharon Stone tiene el papel de
la madre del pequeño Kevin (Kieran Culkin); resulta interesante ver
también a Gillian Anderson
(Expedientes X) en un papel inusual: la pareja de un exconvicto amigo
del padre (James Gandolfini) del
gigante Max (Elden Henson).
The
Mighty - título original del filme - se basó en el libro Freak the
Mighty, de Rodman Philbrick, premiado por la American Library
Association al mejor libro para jóvenes.
Gustavo Camps
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