El
Patriota es un drama épico, pseudo histórico, cuya narración tiene
como escenario la guerra de independencia de los EEUU contra Gran Bretaña,
hace dos siglos.
Un
aventurero arma una milicia pueblerina, para vengar la muerte de su hijo
mayor bajo las armas de un inglés demasiado cruel y sanguinario para
ser verosímil. El filme narra sus dudosas hazañas y sus duros
avatares.
Construida
bajo las normas narrativas hollywoodenses, la película es por momentos
lo suficientemente dramática como para impresionar a la platea, por
momentos demasiado solemne y, además, demasiado previsible como para
justificar los 160 minutos de su duración, y por momentos bastante
melodramática, tal como los culebrones en los que las señoras
invierten lágrimas durante las tardes de siesta.
Robert
Rodat – que ya se regodeo de patrioterismo al escribir Rescatando al
soldado Ryan - acá le hace
pagar muy caro su desapego por la guerra al héroe de la película, Mel
Gibson.
No
obstante la aversión por la violencia que demuestra el protagonista al
iniciarse el filme, en la primera escena en la que entra en acción su
estilo resulta más cercano a Rambo, por lo sanguinario, que al del
aventurero heroico que nos prometía el guión.
Roland
Emmerich fue el director de Godzilla y de Soldado Universal,
filmes muy lejanos al género épico.
De
los actores, Chris Cooper llega por tercera vez, este año, con la
parquedad al estilo del intocable Robert Stack, por ende, lo que en
Cielos de Octubre parecía un papel logrado, después de repetirse en
Belleza americana y en El Patriota, pierde brillo por reiterativo.
Salvo
en un par de escenas que se precian, el guión no le da pié a Mel
Gibson para recrear el desparpajo de
su personaje en la ya olvidada saga de Arma mortal (Letal Weaphn).
Gustavo
Camps
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