Mucho
tiempo ha pasado desde la aparición del fundante Agente 007 contra el
satánico Dr. No (1962), encarnado por Sean Connery bajo la dirección de Terence
Young.
De
aquel refinado caballero inglés - Bond, James Bond, espía con licencia
para matar - salido de una novela de Ian Fleming podría decirse, sin
exagerar, que sólo quedan el nombre y algunos escenarios.
Lejos
de la distinción de clase, el Bond de 007: El mundo no basta, en los
zapatos de Pierce Brosnan, es un ejecutivo exitoso, un nuevo rico que
goza con los beneficios de su puesto. ¿De qué estamos hablando? De esa
escena en la que el espía Brosnan - por ejemplo - entra al casino de su
viejo enemigo ruso Valentin (Robbie Coltrane). Para llegar a él deberá
pelear a la vista del público contra sus matones. Al Bond de Connery le
hubiera bastado con una mirada y su presentación: mi nombre es Bond,
James Bond.
En
rigor, 007:El mundo no basta, es una película de aventuras que
entretiene - comienza con una típica escena de persecución en skyboard
y mantiene la acción hasta el final - pero los seguidores de James
Bond, esos que han envejecido con él, esta vez más que nunca extrañarán
al personaje y su mundo.
Tomemos
un punto paradigmático: las mujeres.
Las
chicas Bond eran anzuelos de los enemigos de Bond. Estaban con ellos por
su poder pero siempre terminaban seducidas por la virilidad, la apostura
del espía. La seducción de Bond era literalmente mortífera, pero la
muerte era para ellas liberadora, morían por Bond, heroicamente si se
quiere.
En
007: El mundo no basta Electra King (Sophie Marceau) está enamorada de
su antiguo raptor (síndrome de Estocolmo, que le dicen) el villano
Renard (Robert Carlyle), y
por amor a él va a la cama con Bond. Igualmente muere, pero muere por
Renard no por Bond.
El
papel de Christmas Jones
(Denise Richards) - una experta en armas nucleares que se acopla a la
acción hacia el final - es innecesario y tiene que aparecer -
justamente - por las deficiencias en la construcción del personaje de
Marceau.
Renard
mantiene la excentricidad y la locura característica de otros enemigos
(recordar Goldfinger, Escaramanga...); en este caso se trata de un
terrorista con una bala alojada en el cerebro que lo hace insensible a
todo tipo de dolor.
Las
locaciones son exóticas (Turquia, Azerbaijan, Escocia) pero faltan más
de esas armas tan sofisticadas creadas por Q (Desmond Llewelyn) aunque
el actor, con sus 84 años y 17 filmes de la saga, mantuvo su papel.
En
síntesis, el 007: El mundo no basta, se apoya en
la fama de la serie. Como una película de acción resulta llevadera
pero Bond, James Bond, es otro agente de su Majestad, que con los años
ya se ha retirado.

Ursula
Andress, la primera chica Bond con su bikini blanco
Gustavo
Camps
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