|
1999,
Color, 120’, EEUU
Dirección: Milos Forman
Guión: Scott Alexander, Larry Karaszewski
Montaje: Christopher Tellefsen, Lynzee Klingman
Diseño de producción: Patricia Von Brandestein
Música: REM
Fotografía: Anastas Michos
Elenco: Jim Carrey, Danny Devito, Courtney Love, Paul Giamatti, Tony
Clifton
|
Andy
Kauffman fue un actor distinto. Un provocador nato destinado a ser
molesto como una mosca, dulce como la mermelada o violento como un
terrorista. Sin términos medios. Amado u odiado pero nunca indiferente.
Es
quizás en este punto donde se planteaba a priori la mayor dificultad de
este film: como ser fiel a su historia, un relato provocador, revulsivo,
hilarante y trágico sobre un personaje poco conocido
internacionalmente y todavía controvertido a quince años de su muerte.
Ya
desde los excelentes títulos iniciales de la película, sabemos que el
gran Milos Forman dio en la tecla invitándonos a asistir a la ceremonia
privada de Andy Kauffman, abriéndonos la puerta hacia su mundo, ofreciéndonos
una entrada a su interior. El mayor mérito del filme es precisamente lo
que en manos menos expertas podría haberse convertido en su mayor
debilidad, esto es, dejar que lentamente el espectador se zambulla a
otra dimensión, a esa especie de realidad paralela que Andy construye
para sí y de la cual nadie saldrá siendo el mismo.
Jim
Carrey ofrece una interpretación sorprendente, lejos de sus morisquetas
habituales, logra transmitir la locura y sobre todo la fragilidad casi
infantil de su personaje, demostrando que es capaz de desafíos mayores,
su actuación es una perla que como era de suponer resultó ignorada por
la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, ya se sabe que no les
gusta premiar ofertas innovadoras y esta increíble performance no es la
excepción. Ellos se lo pierden, el que no puede perdérselo es usted.
El
mundo de Andy es un film que abre caminos hacia otros mundos, colores,
sentimientos y realidades.Y una obra que abre puertas en vez de
cerrarlas siempre es bienvenida, después de todo el cine
es abandonarse y soñar.
Marcela
Barriopedro
|