Algo está pasando con el cine argentino. Voto a San Trapero,
San Rejtman, San Bechis.
Jorge Pellegrini (Ricardo Darín), el personaje de esta
historia, parece un ser humano de carne y hueso. No es héroe ni villano, no dice
discursos, no pasa por situaciones peores que las que la vida puede exigir a cualquier
mortal, no es el alter ego del director.
El mismo
amor, la misma lluvia repasa la vida de un
periodista a lo largo de dos décadas, desde comienzos de los ´80 hasta nuestros días.
Desde los fines de la dictadura hasta los comienzos de la flexibilización laboral,
digamos.
Se trata de un filme narrativo pensado como un gran flashback
a partir del protagonista, que cada tanto, con su voz en off, nos recuerda que se
encuentra en el presente contando su historia. La referencia es un amor, Laura, pero hay
otros condimentos alrededor.
Campanella ya estrenó en la Argentina, a fines del año
último, Ni el tiro del final, sobre un libro de José Pablo Feinmann, con
objeciones por parte de la crítica.
En El mismo amor, la misma lluvia apuesta a la
construcción de varios personajes en torno de Jorge.
Laura (Soledad Villamil) conoce a Jorge en los ochenta,
forman una pareja que se rompe debido al carácter luchador de ella y a los miedos
excesivos de él. Laura quiere vivir como piensa.
Jorge tiene tres amigos periodistas. Márquez (Ulises
Dumont), que está dispuesto a bajar varias banderas para seguir en la lucha, pero no
pierde la dignidad. Roberto (Eduardo Blanco), el típico mezquino sin una gota de
compromiso cívico o social, cuyo horizonte es su propio bienestar, y Mastronardi (Alfonzo
de Grazia), un exiliado recién llegado, comprometido, que en la democracia light de los
ochenta y pico (la actual bah!) no encuentra su lugar. A lo largo de los 20 años Jorge y
Laura se reencontrarán tres veces: primero antes del casamiento de esta; luego cuando
ella es productora de una obra de Teatro sobre la que Jorge tiene interés y hacia el
final - divorcio mediante - en una fiesta sorpresa que los empleados de la revista hacen
para juntar fondos para Márquez, recientemente despedido, por mandar de paseo al
"becario" que le han impuesto como jefe.
¿Se reconciliarán Laura y Jorge? El final abierto es el
otro acierto de este filme, que sin demasiada inversión desde lo estrictamente
cinematográfico, se deja ver, no aburre y - huelga repetirlo - tiene personajes
creíbles.
Gustavo Camps
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