Más allá de poder adelantar el carácter
humorístico del filme, El milagro de P. Tinto escapa a cualquier
intensión de captura desde el género o desde la referencia a un
argumento, porque como ha escrito Gilles Deleuze en la Lógica del
Sentido: “el humor es el arte de las superficies y las dobleces; (en
él) toda significación, designación y manifestación quedan
suspendidas, toda profundidad y altura quedan abolidas”.
La
primera secuencia es en blanco y negro con un escenario expresionista,
de filme de terror, donde los actores hablan alemán y los subtítulos son en inglés.
Luego
llegará el color, el castellano - una voz en off relata en primera
persona lo que parece ser la historia de un personaje (P.
Tinto) desde su niñez - con el color aparecerán gags, nuevos
personajes desopilantes y - algo para destacar - los efectos especiales
(el filme obtuvo el Premio Goya 1998 a los Mejores Efectos Especiales).
Estos,
a diferencia de lo que suele ocurrir en Hollywood - donde películas
enteras intentan justificarse por los efectos (Matrix, por ej.) -
funcionan aquí como instrumentos de la narración.
El
milagro de P. Tinto (Pérez Tinto es el segundo apellido de Fesser) es
una muestra de cine joven y desprejuiciado, que no intenta moralizar con
la imagen.
“Somos
un grupo de gente que hacemos cine - dijo Fesser, pensando también en
directores como Julio Medem y Fernando de León, por ejemplo - tratando
de contar historias. No hacemos películas creyendo que vamos a salvar a
la humanidad con ellas” concluyó.
El
milagro de P. Tinto es el primer largometraje de Fesser, el último año
obtuvo el premio San Jordi de Radio Nacional de España a la Mejor Opera
Prima y este año formó
parte de la Selección Oficial del Festival Sundance de los EEUU.
Gustavo
Camps
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