¿Cómo
encarar un tema como el del hombre invisible desde una perspectiva
original? Seguramente esta debió ser la pregunta del millón a la hora
de filmar El Hombre sin Sombra y es, en este sentido, que el film
consigue diferenciarse de otros que trataron el mismo tema porque elige
hacer foco en dos cuestiones originales: por un lado juega con la fantasía
de la impunidad que otorga el no ser visto, por el otro elege que el
“héroe” en cuestión no sea tal, sino un villano seductor e
irredimible, capaz de enamorarse pero a la vez de matar y destruir.
La
dirección se Verhoeven logra anclarse en los puntos más oscuros de la
trama y desde allí marcar su rumbo, porque el filme no es solamente un
festival de efectos especiales- que los hay y de una gran factura técnica-
sino una reflexión sobre la ambición, el poder de la ciencia y la
ilusión humana de jugar a ser Dios. Todo esto sin recurrir a frases
sentenciosas ni moralejas, porque El Hombre sin Sombra es ante todo un
entretenimiento, pero uno para gente pensante.
Los
fanáticos del cine de Verhoeven no saldrán defraudados ya que el
realizador sigue demostrando su mano maestra a la hora de conducir
escenas de violencia: el asesinato en el banco de sangre es una muestra
cabal de su estilo, el mismo que lo lleva a brillar a Kevin Bacon y
convertirlo en un villano antológico.
El
hombre sin sombra es una película que lo hará asustarse, saltar de la
butaca y tomar ascensores solo en sus pesadillas o en sus sueños,
porque para ser sinceros ¿Quién no soñó alguna vez con ser
invisible?
Marcela
Barriopedro
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