Con El extranjero loco (Gadjo dilo, título
original) Tony Gatliff, director francés nacido en Argelia, completa su trilogía gitana
iniciada con Little prince (1982) y Latchmo Drom (1993).
El extranjero loco es Sthephane (Romain
Duris), un joven galo que recorre Rumania en busca de la cantante Nora Luca, la voz gitana
que cautivara en vida a su padre ya fallecido.
Lo notable es cómo Gotlif muestra el
encuentro de Sthephane con una comunidad de gitanos en la periferia de Bucarest. El nexo
es Izidor (Izidor Serban), un cíngaro entrado en años, pero con una vitalidad gemela a
la del joven.
El camino fácil hubiera sido mostrar
cierto extrañamiento entre el francés y esta comunidad que se puede imaginar muy
distinta de él. También hubiera sido cómodo quedarse solamente en la denuncia obvia de
los desmanes que estas minorías sufren. Sin embargo, el director nos ofrece otra mirada
cuando, por ejemplo, da a entender que en la experiencia vital el modo en que el
mundo se les ofrece - el joven francés e Izidor y los suyos encajan perfectamente.
Ambos se adoptarán inmediatamente. El
único desajuste es en la lengua, pero para eso está Sabrina, una joven y bella mujer de
la aldea que ha vivido en Bélgica y conoce el idioma del extranjero.
Sabrina, con su pasión, su sensualidad y
su modo de vivir libre a ultranza su afirmación de la vida pese a la adversidad -
también es un hallazgo del director.
Hay algo de salvaje pero también de
potente en la existencia de estos personajes.
"Quise hacer un filme libre,
anarquista y creo que conseguí mi película más lograda, en términos de autenticidad y
sinceridad" dijo Gatliff en un reportaje.
El director logra dar cuenta de un modo de
relacionarse distinto del que estamos acostumbrados en la sociedad de consumo, entre
sujetos sujetados y objetos, con la moral en lo alto, vigilante.
Esto a las puertas del nuevo milenio no
deja de ser auspicioso.
La música otro condimento que le da
sabor a este filme - se muestra como un elemento fundamental para la supervivencia de
estos pueblos, no sólo para el intercambio, sino con su presencia en cada momento de la
vida.
Y para terminar una reflexión filosófica.
El final nos muestra a Sthephane en la ruta deja la comunidad - junto a la misma
piedra sobre la que descansara al comenzar el filme, antes de conocer a Izidor. Retorna al
mismo lugar donde empezó pero él no es el mismo. El eterno retorno del que nos hablan
Nietzche y Deleuze en sus escritos: "Lo que quieres quiérelo de tal manera que
quieras también el eterno retorno (...) Si en todo lo que quieres hacer empiezas por
preguntarte ¿estoy seguro de que quiero hacerlo un número infinito de veces? esto será
para ti el centro de gravedad más sólido".
Gustavo Camps
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